/ domingo 26 de septiembre de 2021

Aquí Querétaro

Mauricio Kuri González se convertirá, el próximo viernes, en el nuevo gobernador del Estado. Será el cuarto gobernante queretano propuesto por el Partido Acción Nacional para esa responsabilidad, luego de unas elecciones en donde su triunfo fue más que claro y contundente.

Kuri se suma así a una larguísima lista de políticos, todos ellos hombres, que alcanzaron tal responsabilidad y que dejaron, en mayor o menor medida, una huella a su paso por la titularidad del Poder Ejecutivo estatal. Desde José María Diez Marina, que asumió el poder en 1825, hasta Francisco Domínguez, que hizo lo propio en 2015.

Pese a su alta responsabilidad y a que sus actos necesariamente marcaron la historia de esta tierra, muchos de esos gobernantes no gozan del recuerdo de los queretanos de hoy; algunos de sus nombres, incluso, no suenan para nada, a pesar de que, en algunos casos, sus obras pudieron ser relevantes.

José Francisco Bustamante, dos veces gobernador en periodos por demás estrechos; Desiderio de Samaniego, que lo fue a lo largo de un año; Cayetano Montoya, que dirigió al Estado por menos de tres meses; José Rafael Canalizo, que por tres ocasiones dirigió los destinos queretanos; o Mariano Reyes, que apenas lo hizo por unos quince días, están inscritos, ya sea como gobernadores o como prefectos políticos, en la historia de nuestra entidad, pero sus nombres poco, o nada, le dicen a los queretanos de la actualidad.

Otros, por el contrario, son mucho más conocidos, como don Benito Santos Zenea, de trágica e intempestiva muerte, que heredó su nombre a uno de los jardines principales de la ciudad; o don Francisco González de Cosío, quien gobernó aquí a la par de Porfirio Díaz en el país; o el temido Saturnino Osornio, quien, entre otras lindezas, cerró las puertas del Colegio Civil, antecedente de la Universidad Autónoma de Querétaro; o, desde luego, el general Tomás Mejía, quien murió junto a Maximiliano en el Cerro de las Campanas.

Todos, o casi todos, recordamos a los más recientes: Manuel González de Cosío, Juventino Castro, Antonio Calzada, Rafael Camacho, Mariano Palacios, Enrique Burgos, Ignacio Loyola, Francisco Garrido, José Calzada y Francisco Domínguez; incluso los más entrados en años recordarán a Noradino Rubio, Agapito Pozo, Eduardo Luque, Octavio Mondragón o Juan Gorráez, pero cuántos de estos hombres, con el paso de los años, con la llegada de nuevos y vigorosos tiempos, se convertirán en algo más que un nombre en las estadísticas.

Por lo pronto, Mauricio Kuri González, veracruzano de nacimiento y queretano por adopción y decisión, descendiente de libaneses y asturianos, esforzado empresario, acude este viernes a una insalvable cita con su destino. A partir de entonces escribirá las páginas que lo habrán de marcar para siempre.

ACOTACIÓN AL MARGEN

Don Manuel Domínguez dirigió los destinos de esta ciudad, como Prefecto Político, justo durante los meses en que Maximiliano de Habsburgo fue aquí huésped distinguido.

Médico de profesión, don Manuel, quien llegó a ser Director de la Escuela de Medicina en la capital del país, y también gobernador del Distrito Federal, salvó la vida en Querétaro, a la caída de la ciudad, gracias a su espíritu solidario y comprensivo, que había impedido, durante el sitio, que los republicanos que aquí vivían sufrieran algún tipo de persecución.

También fue un científico tan destacado que contribuyó a la aceptación de la vacuna antivariólica y escribió numerosos trabajos en la Gaceta Médica de México.

Uno de esos personajes que quedaron relegados de la historia conocida de nuestro Estado y nuestro país.

Mauricio Kuri González se convertirá, el próximo viernes, en el nuevo gobernador del Estado. Será el cuarto gobernante queretano propuesto por el Partido Acción Nacional para esa responsabilidad, luego de unas elecciones en donde su triunfo fue más que claro y contundente.

Kuri se suma así a una larguísima lista de políticos, todos ellos hombres, que alcanzaron tal responsabilidad y que dejaron, en mayor o menor medida, una huella a su paso por la titularidad del Poder Ejecutivo estatal. Desde José María Diez Marina, que asumió el poder en 1825, hasta Francisco Domínguez, que hizo lo propio en 2015.

Pese a su alta responsabilidad y a que sus actos necesariamente marcaron la historia de esta tierra, muchos de esos gobernantes no gozan del recuerdo de los queretanos de hoy; algunos de sus nombres, incluso, no suenan para nada, a pesar de que, en algunos casos, sus obras pudieron ser relevantes.

José Francisco Bustamante, dos veces gobernador en periodos por demás estrechos; Desiderio de Samaniego, que lo fue a lo largo de un año; Cayetano Montoya, que dirigió al Estado por menos de tres meses; José Rafael Canalizo, que por tres ocasiones dirigió los destinos queretanos; o Mariano Reyes, que apenas lo hizo por unos quince días, están inscritos, ya sea como gobernadores o como prefectos políticos, en la historia de nuestra entidad, pero sus nombres poco, o nada, le dicen a los queretanos de la actualidad.

Otros, por el contrario, son mucho más conocidos, como don Benito Santos Zenea, de trágica e intempestiva muerte, que heredó su nombre a uno de los jardines principales de la ciudad; o don Francisco González de Cosío, quien gobernó aquí a la par de Porfirio Díaz en el país; o el temido Saturnino Osornio, quien, entre otras lindezas, cerró las puertas del Colegio Civil, antecedente de la Universidad Autónoma de Querétaro; o, desde luego, el general Tomás Mejía, quien murió junto a Maximiliano en el Cerro de las Campanas.

Todos, o casi todos, recordamos a los más recientes: Manuel González de Cosío, Juventino Castro, Antonio Calzada, Rafael Camacho, Mariano Palacios, Enrique Burgos, Ignacio Loyola, Francisco Garrido, José Calzada y Francisco Domínguez; incluso los más entrados en años recordarán a Noradino Rubio, Agapito Pozo, Eduardo Luque, Octavio Mondragón o Juan Gorráez, pero cuántos de estos hombres, con el paso de los años, con la llegada de nuevos y vigorosos tiempos, se convertirán en algo más que un nombre en las estadísticas.

Por lo pronto, Mauricio Kuri González, veracruzano de nacimiento y queretano por adopción y decisión, descendiente de libaneses y asturianos, esforzado empresario, acude este viernes a una insalvable cita con su destino. A partir de entonces escribirá las páginas que lo habrán de marcar para siempre.

ACOTACIÓN AL MARGEN

Don Manuel Domínguez dirigió los destinos de esta ciudad, como Prefecto Político, justo durante los meses en que Maximiliano de Habsburgo fue aquí huésped distinguido.

Médico de profesión, don Manuel, quien llegó a ser Director de la Escuela de Medicina en la capital del país, y también gobernador del Distrito Federal, salvó la vida en Querétaro, a la caída de la ciudad, gracias a su espíritu solidario y comprensivo, que había impedido, durante el sitio, que los republicanos que aquí vivían sufrieran algún tipo de persecución.

También fue un científico tan destacado que contribuyó a la aceptación de la vacuna antivariólica y escribió numerosos trabajos en la Gaceta Médica de México.

Uno de esos personajes que quedaron relegados de la historia conocida de nuestro Estado y nuestro país.

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