/ miércoles 1 de abril de 2020

Ecos del Senado

El dilema ante la crisis


El mundo está siendo impactado por una pandemia que representa el mayor desafío que ha tenido la humanidad desde las dos guerras mundiales. Esta emergencia sanitaria puede afectar en mayor o menor grado la salud de cerca del 70% de la población, pero también tendrá graves consecuencias en la economía de todas las familias, del país y a nivel global.

En México el Gobierno federal ha asumido una postura errática e incluso contradictoria para enfrentar la situación: por un lado, las recomendaciones diarias del sector salud de mantener distancia y aislamiento, y por otro la actitud del Presidente López Obrador subestimando la situación, continuando con su agenda de actos públicos y giras en los estados, sin tomar ninguna medida de prevención y más aun recomendando a las familias que sigan saliendo a comer a restaurantes y a fondas.

Así las cosas, el Presidente López Obrador perdió su liderazgo por la frivolidad con que ha actuado para atender esta crisis. En estos días se rompió la confianza entre el gobierno federal y un amplio sector de la sociedad, instituciones educativas, organizaciones, gobiernos estatales, instituciones de crédito y empresas que han rebasado al gobierno en la facultad de articular la estrategia nacional en esta materia.

Enfrentamos el dilema de salvar vidas o proteger la economía. La recomendación sanitaria ha sido contener la transmisión, aunque desde luego esto implica un impacto económico brutal, pero lo primero es salvar vidas.

El gobierno federal en días pasados reconoció el inicio de la fase 2 y un día después decretó la suspensión de actividades no esenciales en todo el sector público. Evidentemente lo que se busca es contener la curva de la epidemia y evitar la saturación de nuestro frágil sistema nacional de salud.

El riesgo en el que se encuentra la población exige estas medidas. En otros países como Italia y España la propagación del virus ha rebasado su sistema de salud, que en mucho es superior al nuestro, y el número de contagios, de enfermos graves y de muertos ha generado una enorme alarma social.

Superado el pasmo del gobierno federal, es indispensable que también tome medidas para atender el grave impacto en la economía nacional: desempleo, quiebra de empresas, falta de liquidez, recesión, depreciación de la moneda, drástica disminución de los ingresos petroleros y fiscales y algo que afectará gravemente nuestra economía, la previsible baja significativa de las remesas de nuestros connacionales en Estados Unidos.

Para hacer frente a la situación, el Presidente López Obrador declaró en conferencia mañanera que se cuenta con 400 mil millones de pesos “en caja”. En realidad, esto equivale, por un lado, a la posibilidad de acudir a deuda hasta por 180 mil millones de pesos, medida que recientemente autorizó la Cámara de Diputados; y por otro, a disponer del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios, constituido por los anteriores gobiernos, el cual todavía cuenta con 158 mil millones de pesos, a pesar de que el año pasado el actual gobierno, sin mediar emergencia alguna, gastó más de la mitad de dicho fondo.

Estos recursos son insuficientes ante la gravedad del problema, por ello resulta necesario cancelar los proyectos no urgentes y de dudosa rentabilidad social como el Aeropuerto de Santa Lucía, la Refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y las 2 mil sucursales del Banco del Bienestar, lo que le permitiría disponer de recursos adicionales para hacer frente a la emergencia de salud y económica, apoyando a una gran parte de la población que vive al día y que se verán gravemente afectados en sus ingresos.

Esta emergencia nos alcanza a todos, lo más importante es atender prioritariamente la salud de toda la población, que ninguna persona se quede sin atención médica adecuada, pero también tenemos que cuidar los ingresos y empleos de millones de personas y empresas, a fin de que las fuentes de trabajo permanezcan abiertas y que la economía del país pueda recuperar su normalidad y empuje.

Facebook: Lupita Murguía

Twitter: @LupitaMurguiaG

Instagram: @lupitamurguiag

El dilema ante la crisis


El mundo está siendo impactado por una pandemia que representa el mayor desafío que ha tenido la humanidad desde las dos guerras mundiales. Esta emergencia sanitaria puede afectar en mayor o menor grado la salud de cerca del 70% de la población, pero también tendrá graves consecuencias en la economía de todas las familias, del país y a nivel global.

En México el Gobierno federal ha asumido una postura errática e incluso contradictoria para enfrentar la situación: por un lado, las recomendaciones diarias del sector salud de mantener distancia y aislamiento, y por otro la actitud del Presidente López Obrador subestimando la situación, continuando con su agenda de actos públicos y giras en los estados, sin tomar ninguna medida de prevención y más aun recomendando a las familias que sigan saliendo a comer a restaurantes y a fondas.

Así las cosas, el Presidente López Obrador perdió su liderazgo por la frivolidad con que ha actuado para atender esta crisis. En estos días se rompió la confianza entre el gobierno federal y un amplio sector de la sociedad, instituciones educativas, organizaciones, gobiernos estatales, instituciones de crédito y empresas que han rebasado al gobierno en la facultad de articular la estrategia nacional en esta materia.

Enfrentamos el dilema de salvar vidas o proteger la economía. La recomendación sanitaria ha sido contener la transmisión, aunque desde luego esto implica un impacto económico brutal, pero lo primero es salvar vidas.

El gobierno federal en días pasados reconoció el inicio de la fase 2 y un día después decretó la suspensión de actividades no esenciales en todo el sector público. Evidentemente lo que se busca es contener la curva de la epidemia y evitar la saturación de nuestro frágil sistema nacional de salud.

El riesgo en el que se encuentra la población exige estas medidas. En otros países como Italia y España la propagación del virus ha rebasado su sistema de salud, que en mucho es superior al nuestro, y el número de contagios, de enfermos graves y de muertos ha generado una enorme alarma social.

Superado el pasmo del gobierno federal, es indispensable que también tome medidas para atender el grave impacto en la economía nacional: desempleo, quiebra de empresas, falta de liquidez, recesión, depreciación de la moneda, drástica disminución de los ingresos petroleros y fiscales y algo que afectará gravemente nuestra economía, la previsible baja significativa de las remesas de nuestros connacionales en Estados Unidos.

Para hacer frente a la situación, el Presidente López Obrador declaró en conferencia mañanera que se cuenta con 400 mil millones de pesos “en caja”. En realidad, esto equivale, por un lado, a la posibilidad de acudir a deuda hasta por 180 mil millones de pesos, medida que recientemente autorizó la Cámara de Diputados; y por otro, a disponer del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios, constituido por los anteriores gobiernos, el cual todavía cuenta con 158 mil millones de pesos, a pesar de que el año pasado el actual gobierno, sin mediar emergencia alguna, gastó más de la mitad de dicho fondo.

Estos recursos son insuficientes ante la gravedad del problema, por ello resulta necesario cancelar los proyectos no urgentes y de dudosa rentabilidad social como el Aeropuerto de Santa Lucía, la Refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y las 2 mil sucursales del Banco del Bienestar, lo que le permitiría disponer de recursos adicionales para hacer frente a la emergencia de salud y económica, apoyando a una gran parte de la población que vive al día y que se verán gravemente afectados en sus ingresos.

Esta emergencia nos alcanza a todos, lo más importante es atender prioritariamente la salud de toda la población, que ninguna persona se quede sin atención médica adecuada, pero también tenemos que cuidar los ingresos y empleos de millones de personas y empresas, a fin de que las fuentes de trabajo permanezcan abiertas y que la economía del país pueda recuperar su normalidad y empuje.

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