/ viernes 29 de mayo de 2020

Humanitas: arte y pasión

Uno de los muchos artistas mexicanos que han sido olvidados por el gran público, es sin duda Oliverio Martínez de Hoyos, nacido en el año de 1901 en Piedras negras, Coahuila.

Sus padres procrearon a dieciséis hijos, Oliverio fue el segundo. Conocemos a sus hermanos el pintor Ricardo Martínez, y el actor Jorge Martínez de hoyos.

En 1925 Oliverio se traslada a Nueva York a trabajar y buscar oportunidades. Su permanencia será breve porque contrae la tuberculosis.

En 1927 regresa a México y trabaja de ayudante en la Escuela de escultura y talla directa, que se acababa de inaugurar en el patio del ex convento de la Merced. Se conoce que sus habilidades como escultor las practicaba desde ante de salir a Nueva York.

Trabaja en el taller del escultor José Fernández Urbina, y destaca como el alumno más aventajado, al grado que realiza una escultura del piloto aviador Emilio Carranza, también oriundo de Coahuila. Los bustos que realiza y las piezas se relacionan con la tendencia que inauguró Rodin en el siglo XIX, de un trazo firme, moderno, que rompe con el academicismo y extiende los límites de la escultura más allá del impresionismo.

El joven artista por aquellos años se enamoró de Eloína Peláez Machorro, con quien contrajo nupcias en 1933. La vida de Oliverio camina emocionalmente y profesionalmente cuesta arriaba, pero la tuberculosis no le permitirá conocer las mieles del éxito.

En el año de 1934 se le presenta la gran oportunidad y participa en el concurso que emite el gobierno de México, para realizar cuatro conjuntos escultóricos para decorar lo que sería el Monumento a la Revolución, proyecto que había realizado el Arq. Carlos Obregón Santacilia, para aprovechar la estructura que había quedado del viejo proyecto del Presidente Porfirio Díaz, para construir el Palacio Legislativo de la nación.

Díaz convocó un concurso internacional en 1897, concurso que ganó el arquitecto francés Emile Bernard, colocando la primera piedra el presidente el 23 de septiembre de 1910 con motivo del Centenario de la Independencia de México. Para el levantamiento de la estructura metálica se contrató a la empresa estadunidense de Miliken Bros. Que la edificó casi en su totalidad. La obra fue suspendida en 1911. Quedó en el abandono durante la época revolucionaria, la estructura se reutilizó hasta 1921 para una exposición comercial, un cabaret y un teatro.

En 1932 se derribaron las estructuras de las naves laterales, y fue entonces cuando Obregón Santicilia le propuso al gobierno aprovechar el esqueleto central para hacer un Monumento a la Revolución. El arquitecto recubrió la estructura con piedra negra chiluca de origen volcánico. En 1933 convocaron al concurso para las esculturas, hubo 44 participantes y el proyecto de Oliverio Martínez fue el ganador. Los temas que abordo Oliverio para cada uno de los laterales fueron: La independencia, Las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras. Las esculturas se encuentran hasta hoy en los remates de los cuatro lados de los arcos del monumento a la revolución, en ellos se aprecia la fuerza y monumentalidad de la herencia prehispánica, además los trazos fuertes, magnifican al pueblo representado en los campesinos, los obreros y la familia. La obra dentro de la escuela mexicana nacionalista tenía un carácter ideológico-pedagógico que mostraba a los verdaderos mártires de la revolución.

El primero de diciembre de 1934, cambia el gobierno y asume la presidencia el general Lázaro Cárdenas. Por condiciones de presupuesto y otras, la obra se procrastino.

Fue hasta 1938 cuando se terminó dicho monumento, que por cierto no tuvo inauguración formal. Su función de panteón fue hasta 1942 cuando recibió los restos de Venustiano Carranza.

Oliverio Martínez logró una conexión entre la arquitectura y la escultura en este extraordinario trabajo escultórico en el que la fusión del arte precolombino, el mestizaje con la influencia de las vanguardias, logro una pureza estética que ofreció un ícono urbano a la ciudad de México de aquellos tiempos. Oliverio apenas y pudo ver el monumento concluido, la enfermedad lo aisló de lo que más amaba, muriendo en soledad un 21 de enero de 1938.

bobiglez@gmail

Uno de los muchos artistas mexicanos que han sido olvidados por el gran público, es sin duda Oliverio Martínez de Hoyos, nacido en el año de 1901 en Piedras negras, Coahuila.

Sus padres procrearon a dieciséis hijos, Oliverio fue el segundo. Conocemos a sus hermanos el pintor Ricardo Martínez, y el actor Jorge Martínez de hoyos.

En 1925 Oliverio se traslada a Nueva York a trabajar y buscar oportunidades. Su permanencia será breve porque contrae la tuberculosis.

En 1927 regresa a México y trabaja de ayudante en la Escuela de escultura y talla directa, que se acababa de inaugurar en el patio del ex convento de la Merced. Se conoce que sus habilidades como escultor las practicaba desde ante de salir a Nueva York.

Trabaja en el taller del escultor José Fernández Urbina, y destaca como el alumno más aventajado, al grado que realiza una escultura del piloto aviador Emilio Carranza, también oriundo de Coahuila. Los bustos que realiza y las piezas se relacionan con la tendencia que inauguró Rodin en el siglo XIX, de un trazo firme, moderno, que rompe con el academicismo y extiende los límites de la escultura más allá del impresionismo.

El joven artista por aquellos años se enamoró de Eloína Peláez Machorro, con quien contrajo nupcias en 1933. La vida de Oliverio camina emocionalmente y profesionalmente cuesta arriaba, pero la tuberculosis no le permitirá conocer las mieles del éxito.

En el año de 1934 se le presenta la gran oportunidad y participa en el concurso que emite el gobierno de México, para realizar cuatro conjuntos escultóricos para decorar lo que sería el Monumento a la Revolución, proyecto que había realizado el Arq. Carlos Obregón Santacilia, para aprovechar la estructura que había quedado del viejo proyecto del Presidente Porfirio Díaz, para construir el Palacio Legislativo de la nación.

Díaz convocó un concurso internacional en 1897, concurso que ganó el arquitecto francés Emile Bernard, colocando la primera piedra el presidente el 23 de septiembre de 1910 con motivo del Centenario de la Independencia de México. Para el levantamiento de la estructura metálica se contrató a la empresa estadunidense de Miliken Bros. Que la edificó casi en su totalidad. La obra fue suspendida en 1911. Quedó en el abandono durante la época revolucionaria, la estructura se reutilizó hasta 1921 para una exposición comercial, un cabaret y un teatro.

En 1932 se derribaron las estructuras de las naves laterales, y fue entonces cuando Obregón Santicilia le propuso al gobierno aprovechar el esqueleto central para hacer un Monumento a la Revolución. El arquitecto recubrió la estructura con piedra negra chiluca de origen volcánico. En 1933 convocaron al concurso para las esculturas, hubo 44 participantes y el proyecto de Oliverio Martínez fue el ganador. Los temas que abordo Oliverio para cada uno de los laterales fueron: La independencia, Las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras. Las esculturas se encuentran hasta hoy en los remates de los cuatro lados de los arcos del monumento a la revolución, en ellos se aprecia la fuerza y monumentalidad de la herencia prehispánica, además los trazos fuertes, magnifican al pueblo representado en los campesinos, los obreros y la familia. La obra dentro de la escuela mexicana nacionalista tenía un carácter ideológico-pedagógico que mostraba a los verdaderos mártires de la revolución.

El primero de diciembre de 1934, cambia el gobierno y asume la presidencia el general Lázaro Cárdenas. Por condiciones de presupuesto y otras, la obra se procrastino.

Fue hasta 1938 cuando se terminó dicho monumento, que por cierto no tuvo inauguración formal. Su función de panteón fue hasta 1942 cuando recibió los restos de Venustiano Carranza.

Oliverio Martínez logró una conexión entre la arquitectura y la escultura en este extraordinario trabajo escultórico en el que la fusión del arte precolombino, el mestizaje con la influencia de las vanguardias, logro una pureza estética que ofreció un ícono urbano a la ciudad de México de aquellos tiempos. Oliverio apenas y pudo ver el monumento concluido, la enfermedad lo aisló de lo que más amaba, muriendo en soledad un 21 de enero de 1938.

bobiglez@gmail

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