/ miércoles 11 de septiembre de 2019

La Grabadora

GRABANDO…

Como se han ido los años. Con mi familia, esposa y dos hijos: Guillermo y Paulina, llegamos hace 39 años a esta tierra, Querétaro, que tanto nos ha dado, después nació Adriana. Pasaron los años y ya ni peino canas porque es escaso el cabello, que se niega a desparecer, totalmente ya es escaso, que para estar presentable debo rasurarme el cráneo con rastrillo o con eléctrica porque ya es una calvicie casi total desde hace años.

Que tiempos de aquél Querétaro que sus límites eran 5 de febrero, era un camino, luego carretera de dos carriles hasta Santa Rosa Jáuregui y si quieres llegas hasta San Luis Potosí; Bernardo Quintana y la carretera 57. Pocos autos, desde donde vivías a pie al centro, a la escuela de tus hijos, al trabajo y regresar a tu casa a la hora que fuera de madrugada o amaneciendo por estar en la fiesta ¡Y no pasaba nada!

Aquellos tiempos que viví con mi familia llegando a pie los 15 de septiembre hasta Plaza de Armas, antes pasar y comprar los antojitos que te imagines en la calle Corregidora y en las de alrededor del jardín Zenea, antes Jardín Obregón, probar los jarritos con un piquete de brandy o con un toque de tequila. Antes del tradicional grito en Plaza de Armas, a comer ricas enchiladas guisadas con manteca, si querían los niños sus hot cakes, después unos buenísimos buñuelos y caminar hasta la calle de Pasteur para no estar en Plaza de Armas con la multitud, total, desde ahí se veía el balcón central del Palacio La Corregidora.

Ahí nos toco gritar ‘Viva México’ a las arengas de Camacho Guzmán y Mariano Palacios Alcocer, después con Enrique Burgos a transmitir desde Palacio La Corregidora el tradicional grito; luego ya me invitaban a la ceremonia dentro del recinto, con mi esposa, para disfrutar de una buena cena acompañada de tintos y excelentes cogñacs con café hasta la madrugada, para salir del patio de Palacio y ver ya a los bomberos que estaban limpiando Plaza de Armas. Así fue hasta el sexenio pasado.

Hoy hay más austeridad, los tiempos cambian y que bueno. Pancho decidió hacerlo de esa manera y se celebra. He regresado como aquellos años, pero ya sin hijos, solamente Lupita y yo acercándonos a las orillas de Plaza de Armas para tratar de ver al gobernador gritar ‘Viva México’, a veces lo logramos otras no, pero el jardín Zenea, el Guerrero, el de la Corregidora siguen siendo grandes escenarios para gozar de las fiestas patrias en este nuestro Querétaro con antojitos para probar unos y otros. Son nuestras tradiciones y seguiremos disfrutándolas.

OFF THE RECORD…

Como anécdota, déjeme contarle que hubo un personaje muy querido por muchos queretanos, el famoso ‘Patines’, de nombre Felipe Mendoza, siempre se trasladaba en unos patines; aunque algunos lo etiquetaban de loco, no lo era, quizá fuese más cuerdo que usted o yo. Resulta que al salir de una ceremonia y después de la cena en Palacio, serían las tres de la madrugada, o más tarde, ya limpiaban Plaza de Armas, salíamos mi esposa y yo, la sorpresa fue que el ‘Patines’ nos recibía a los cruzábamos la puerta con su voz aguda y fuerte voz, palabras menos, palabras más: ‘Bola de catrines, gorrones, quien los viera muy tomaditos de la manos o del brazo, pero si los hubieran visto sus esposas salir de “yegua” ¿Qué harían? Ese era el ‘El Patines’. ¿Saben que hice?, solté la mano de Lupita. Ese era el Querétaro de ayer un 15 de septiembre.

GRABANDO…

Como se han ido los años. Con mi familia, esposa y dos hijos: Guillermo y Paulina, llegamos hace 39 años a esta tierra, Querétaro, que tanto nos ha dado, después nació Adriana. Pasaron los años y ya ni peino canas porque es escaso el cabello, que se niega a desparecer, totalmente ya es escaso, que para estar presentable debo rasurarme el cráneo con rastrillo o con eléctrica porque ya es una calvicie casi total desde hace años.

Que tiempos de aquél Querétaro que sus límites eran 5 de febrero, era un camino, luego carretera de dos carriles hasta Santa Rosa Jáuregui y si quieres llegas hasta San Luis Potosí; Bernardo Quintana y la carretera 57. Pocos autos, desde donde vivías a pie al centro, a la escuela de tus hijos, al trabajo y regresar a tu casa a la hora que fuera de madrugada o amaneciendo por estar en la fiesta ¡Y no pasaba nada!

Aquellos tiempos que viví con mi familia llegando a pie los 15 de septiembre hasta Plaza de Armas, antes pasar y comprar los antojitos que te imagines en la calle Corregidora y en las de alrededor del jardín Zenea, antes Jardín Obregón, probar los jarritos con un piquete de brandy o con un toque de tequila. Antes del tradicional grito en Plaza de Armas, a comer ricas enchiladas guisadas con manteca, si querían los niños sus hot cakes, después unos buenísimos buñuelos y caminar hasta la calle de Pasteur para no estar en Plaza de Armas con la multitud, total, desde ahí se veía el balcón central del Palacio La Corregidora.

Ahí nos toco gritar ‘Viva México’ a las arengas de Camacho Guzmán y Mariano Palacios Alcocer, después con Enrique Burgos a transmitir desde Palacio La Corregidora el tradicional grito; luego ya me invitaban a la ceremonia dentro del recinto, con mi esposa, para disfrutar de una buena cena acompañada de tintos y excelentes cogñacs con café hasta la madrugada, para salir del patio de Palacio y ver ya a los bomberos que estaban limpiando Plaza de Armas. Así fue hasta el sexenio pasado.

Hoy hay más austeridad, los tiempos cambian y que bueno. Pancho decidió hacerlo de esa manera y se celebra. He regresado como aquellos años, pero ya sin hijos, solamente Lupita y yo acercándonos a las orillas de Plaza de Armas para tratar de ver al gobernador gritar ‘Viva México’, a veces lo logramos otras no, pero el jardín Zenea, el Guerrero, el de la Corregidora siguen siendo grandes escenarios para gozar de las fiestas patrias en este nuestro Querétaro con antojitos para probar unos y otros. Son nuestras tradiciones y seguiremos disfrutándolas.

OFF THE RECORD…

Como anécdota, déjeme contarle que hubo un personaje muy querido por muchos queretanos, el famoso ‘Patines’, de nombre Felipe Mendoza, siempre se trasladaba en unos patines; aunque algunos lo etiquetaban de loco, no lo era, quizá fuese más cuerdo que usted o yo. Resulta que al salir de una ceremonia y después de la cena en Palacio, serían las tres de la madrugada, o más tarde, ya limpiaban Plaza de Armas, salíamos mi esposa y yo, la sorpresa fue que el ‘Patines’ nos recibía a los cruzábamos la puerta con su voz aguda y fuerte voz, palabras menos, palabras más: ‘Bola de catrines, gorrones, quien los viera muy tomaditos de la manos o del brazo, pero si los hubieran visto sus esposas salir de “yegua” ¿Qué harían? Ese era el ‘El Patines’. ¿Saben que hice?, solté la mano de Lupita. Ese era el Querétaro de ayer un 15 de septiembre.