/ miércoles 17 de julio de 2019

Valor-es Educación

Faltan políticas de equidad de género en Ciencia y Tecnología.


Sin duda alguna el papel de las mujeres en la educación superior es incuestionable. De acuerdo con datos de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), el número de estudiantes de sexo femenino pasó de 1.3 millones en 2010 a 2.1 millones en el ciclo escolar 2018. Sin embargo, estas cifras no se reflejan aún en la fuerza laboral ni en las titularidades de investigación.

Por lo general, ingresan más mujeres que hombres a las universidades. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), durante 2017 el porcentaje de mujeres graduadas a nivel licenciatura y maestría a nivel global, fue superior al de hombres, pues representaron el 54% y el 55% respectivamente, sin embargo, para el caso de programas de doctorado, esta relación se invirtió, ya que las mujeres representaron el 46% de los graduados.

Por campos de estudio, las mujeres se gradúan más de áreas relacionadas con 1) la Educación, 2) las Humanidades y el Arte, 3) Negocios y Leyes, y 4) Salud y Bienestar. Por lo que se refiere al sector masculino, se registró una participación mayoritaria en campos de estudio vinculados a 1) Información y Tecnologías de la Comunicación, 2) Ingeniería, Manufactura y Construcción, y 3) Agricultura. Sólo el 14% de las niñas optan por una carrera relacionada con la Ciencia, la Tecnología, la Ingeniería y las Matemáticas.

En la práctica de la ciencia como profesión, la brecha de género aumenta ya que, a nivel mundial, durante 2017 únicamente el 29% de investigadores fueron mujeres. De acuerdo a cifras del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), actualmente el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) se encuentra conformado por un total de 30,548 miembros, de los cuales 11,440 son mujeres (el 37.4% del total). En términos de la estructura del SNI por niveles y por sexo, una mayor proporción del total de mujeres se concentra en los primeros dos niveles en comparación al sexo masculino, pues su composición porcentual en nivel Candidato, I, II y III es de 29%, 53%, 13% y 5% respectivamente, mientras que la de los hombres en el mismo orden es de 22%, 52%, 16% y 10%. Aunado a esto, de las siete áreas de conocimiento definidas por el CONACYT, las que tienen menor participación femenina son las áreas de ingeniería (926 investigadoras) y de física (948 investigadoras). Este comportamiento se observa también en las universidades públicas de nuestro país. A nivel mundial también se refleja esta tendencia ya que de 937 ganadores de los premios nobel, únicamente 52 han sido mujeres.

Es momento para que las políticas educativas se enfoquen en propiciar la inclusión, reconocimiento y equidad de género en todos los sectores. Se requiere de estrategias que reivindiquen el papel de la mujer en las ciencias y la tecnología para su desarrollo integral humano. Sin duda alguna, la universidad pública debe de ser el espacio desde donde se den las transformaciones sociales que logren la justicia basada en la equidad y las mismas oportunidades para todas las personas. Es un enorme reto, pero es nuestra responsabilidad como agentes de transformación.

Para lograr la equidad de género en cargos de dirección y toma de decisiones es necesario lograr la conciliación del trabajo, vida privada, vida familiar y cuidado personal; promover el empoderamiento y superación personal de la mujer; impulsar el respeto y reconocimiento entre géneros. Asimismo, se requiere implementar estrategias institucionales para facilitar el cuidado de los hijos y la familia cuando dependen de la madre de manera que no representen una desventaja y promover la educación en valores y con perspectiva de género.

Faltan políticas de equidad de género en Ciencia y Tecnología.


Sin duda alguna el papel de las mujeres en la educación superior es incuestionable. De acuerdo con datos de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), el número de estudiantes de sexo femenino pasó de 1.3 millones en 2010 a 2.1 millones en el ciclo escolar 2018. Sin embargo, estas cifras no se reflejan aún en la fuerza laboral ni en las titularidades de investigación.

Por lo general, ingresan más mujeres que hombres a las universidades. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), durante 2017 el porcentaje de mujeres graduadas a nivel licenciatura y maestría a nivel global, fue superior al de hombres, pues representaron el 54% y el 55% respectivamente, sin embargo, para el caso de programas de doctorado, esta relación se invirtió, ya que las mujeres representaron el 46% de los graduados.

Por campos de estudio, las mujeres se gradúan más de áreas relacionadas con 1) la Educación, 2) las Humanidades y el Arte, 3) Negocios y Leyes, y 4) Salud y Bienestar. Por lo que se refiere al sector masculino, se registró una participación mayoritaria en campos de estudio vinculados a 1) Información y Tecnologías de la Comunicación, 2) Ingeniería, Manufactura y Construcción, y 3) Agricultura. Sólo el 14% de las niñas optan por una carrera relacionada con la Ciencia, la Tecnología, la Ingeniería y las Matemáticas.

En la práctica de la ciencia como profesión, la brecha de género aumenta ya que, a nivel mundial, durante 2017 únicamente el 29% de investigadores fueron mujeres. De acuerdo a cifras del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), actualmente el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) se encuentra conformado por un total de 30,548 miembros, de los cuales 11,440 son mujeres (el 37.4% del total). En términos de la estructura del SNI por niveles y por sexo, una mayor proporción del total de mujeres se concentra en los primeros dos niveles en comparación al sexo masculino, pues su composición porcentual en nivel Candidato, I, II y III es de 29%, 53%, 13% y 5% respectivamente, mientras que la de los hombres en el mismo orden es de 22%, 52%, 16% y 10%. Aunado a esto, de las siete áreas de conocimiento definidas por el CONACYT, las que tienen menor participación femenina son las áreas de ingeniería (926 investigadoras) y de física (948 investigadoras). Este comportamiento se observa también en las universidades públicas de nuestro país. A nivel mundial también se refleja esta tendencia ya que de 937 ganadores de los premios nobel, únicamente 52 han sido mujeres.

Es momento para que las políticas educativas se enfoquen en propiciar la inclusión, reconocimiento y equidad de género en todos los sectores. Se requiere de estrategias que reivindiquen el papel de la mujer en las ciencias y la tecnología para su desarrollo integral humano. Sin duda alguna, la universidad pública debe de ser el espacio desde donde se den las transformaciones sociales que logren la justicia basada en la equidad y las mismas oportunidades para todas las personas. Es un enorme reto, pero es nuestra responsabilidad como agentes de transformación.

Para lograr la equidad de género en cargos de dirección y toma de decisiones es necesario lograr la conciliación del trabajo, vida privada, vida familiar y cuidado personal; promover el empoderamiento y superación personal de la mujer; impulsar el respeto y reconocimiento entre géneros. Asimismo, se requiere implementar estrategias institucionales para facilitar el cuidado de los hijos y la familia cuando dependen de la madre de manera que no representen una desventaja y promover la educación en valores y con perspectiva de género.

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