/ miércoles 15 de enero de 2020

La esposa de Enrique no quiere ser princesa

Los tiempos han cambiado y hay quien decide que las estrictas reglas y la presión a la que aún están sujetas algunas monarquías no encajan en su proyecto de vida

Tras anunciar su deseo de abandonar sus puestos como miembros senior de la familia real, los duques de Sussex, Rachel Meghan Markle y el príncipe Enrique, el diario británico The Times ha publicado que la joven estadounidense ya tiene un acuerdo con empresa Disney para poner voz en una breve colaboración con la casa de Mickey Mouse.

La pareja había expresado su intención de ser económicamente independientes, aunque, según las informaciones, su retribución por este trabajo sería donado a una organización no gubernamental.

Markle volvería así a la profesión que le dio la fama y la independencia. La ahora duquesa de Sussex soñaba con (y peleaba por) la igualdad de género, la no discriminación racial y otras luchas sociales más que con coronas y protocolos.

¿MODERNA VERSIÓN DE GRACE KELLY?

Considerada como una versión moderna de Grace Kelly, Meghan Markle nació el 4 de agosto de 1981 en un barrio próspero de los Ángeles. Su madre es Doria Ragland y su padre, Thomas Markle.

Cuando era pequeña acudió a una escuela privada de Hollywood y, según la BBC, se involucró desde temprana edad en la lucha por la igualdad de género y otras cuestiones sociales.

Continuó con sus estudios en un centro católico llamado Immaculate Heart High School.

Después de superar esta etapa de su educación, apostó por un doble grado en teatro y relaciones internacionales en la Northwestern University in Evanston, Illinois, según la página oficial de la familia real británica.

Durante sus estudios universitarios, la duquesa de Sussex hizo prácticas en la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, Argentina, donde aprendió a hablar español.

Si bien esta experiencia hizo que se planteara una carrera política, la interpretación era su predilección y comenzó a despegar en esa profesión. Su primera aparición fue en la serie televisiva “General Hospital”, en 2002. Luego tuvo intervenciones en otras series de conocido prestigio como “CSI”, “Castle” y “Whitout a trace”.

Sin embargo, el papel que más reconocimiento y trascendencia pública le ha dado ha sido el de Rachel Zane, de “Suits”, a la que encarnó durante siete temporadas.

Esta era una serie de abogados estadounidenses que se estrenó en junio del año 2011.

Mientras trabajaba en esta producción televisiva se mudó a Toronto, Canadá, donde se rodaba la ficción. Allí comenzó a sentirse muy unida al país, al que considera su segundo hogar. De hecho, ha sido el lugar elegido por la pareja para fijar su residencia, en alternancia con Inglaterra.

INDEPENDIENTE, FEMINISTA Y COMPROMETIDA.

Meghan Markle, duquesa de Sussex, mostró un interés por las causas sociales desde muy temprana edad.

“Mujeres en toda América pelean contra la grasa de ollas y sartenes”, esta fue la frase protagonista de su primera acción por la igualdad de género.

Era parte de un anuncio de lavavajillas y Markle, con 11 años, mandó una carta a la primera dama estadounidense, en aquel entonces Hilary Clinton, para llamar su atención sobre este contenido sexista. Un mes después, la empresa responsable cambió “mujeres” por “personas”.

Desde los trece a los diecisiete años, Markle fue voluntaria en un comedor solidario en Los Ángeles y, tras irse a estudiar a otro estado, continuó con esta labor cada vez que volvía a casa, hasta los 22 años. En Toronto hizo lo propio durante dos años, entre 2011 y 2013.

También está involucrada en diferentes programas como One Young World, un fórum que reúne a jóvenes líderes para encontrar soluciones a los principales retos actuales. También es embajadora de la organización caritativa World Vision desde 2016.

Markle formó parte, además, de ONU Mujeres como defensora para la participación política y liderazgo de las mujeres, en 2015.

“Estoy orgullosa de ser mujer y feminista”, dijo en el día internacional de la mujer en la ONU, el mismo año.

EL ACOSO DE ALGUNOS MEDIOS.

Con la decisión de la pareja, algunos tabloides, en la línea que mantenían desde hace meses, han señalado a Markle como la única responsable de la decisión y han vertido sobre ella críticas, para muchos, cargadas de paternalismo, machismo e, incluso, racismo.

El New York Post, por ejemplo, tituló la información con un “Megxit”, en letras grandes, haciendo un juego de palabras con el denominado Brexit (la salida del Reino Unido de la Unión Europea).

Sin embargo, esta reacción por parte de la prensa más sensacionalista y de algunos estratos de la sociedad no es nueva.

Markle ha estado, casi desde el inicio, en el ojo del huracán. Desde que su relación se hizo pública en 2016 y los periódicos de mayor tirada del Reino Unido y Estados Unidos se han centrado en ella: era una mujer estadounidense, divorciada y hacían hincapié en su herencia materna afroamericana.

Después de que se hiciese oficial su relación, se publicó un comunicado para intentar frenar la línea que había tomado la prensa amarilla.

Poco antes de la boda, la asistencia o no asistencia de su padre al enlace volvió a alimentar las especulaciones y las publicaciones sensacionalistas y de mal gusto.

Tras la boda y durante el embarazo y el parto, la tónica continuó igual y la prensa criticaba todo paso que Markle daba: desde viajar a EEUU para una fiesta del bebé, no haber presentado al recién nacido casi inmediatamente después de dar a luz, querer resguardar su privacidad durante los primeros días…etc.

Tras anunciar su deseo de abandonar sus puestos como miembros senior de la familia real, los duques de Sussex, Rachel Meghan Markle y el príncipe Enrique, el diario británico The Times ha publicado que la joven estadounidense ya tiene un acuerdo con empresa Disney para poner voz en una breve colaboración con la casa de Mickey Mouse.

La pareja había expresado su intención de ser económicamente independientes, aunque, según las informaciones, su retribución por este trabajo sería donado a una organización no gubernamental.

Markle volvería así a la profesión que le dio la fama y la independencia. La ahora duquesa de Sussex soñaba con (y peleaba por) la igualdad de género, la no discriminación racial y otras luchas sociales más que con coronas y protocolos.

¿MODERNA VERSIÓN DE GRACE KELLY?

Considerada como una versión moderna de Grace Kelly, Meghan Markle nació el 4 de agosto de 1981 en un barrio próspero de los Ángeles. Su madre es Doria Ragland y su padre, Thomas Markle.

Cuando era pequeña acudió a una escuela privada de Hollywood y, según la BBC, se involucró desde temprana edad en la lucha por la igualdad de género y otras cuestiones sociales.

Continuó con sus estudios en un centro católico llamado Immaculate Heart High School.

Después de superar esta etapa de su educación, apostó por un doble grado en teatro y relaciones internacionales en la Northwestern University in Evanston, Illinois, según la página oficial de la familia real británica.

Durante sus estudios universitarios, la duquesa de Sussex hizo prácticas en la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, Argentina, donde aprendió a hablar español.

Si bien esta experiencia hizo que se planteara una carrera política, la interpretación era su predilección y comenzó a despegar en esa profesión. Su primera aparición fue en la serie televisiva “General Hospital”, en 2002. Luego tuvo intervenciones en otras series de conocido prestigio como “CSI”, “Castle” y “Whitout a trace”.

Sin embargo, el papel que más reconocimiento y trascendencia pública le ha dado ha sido el de Rachel Zane, de “Suits”, a la que encarnó durante siete temporadas.

Esta era una serie de abogados estadounidenses que se estrenó en junio del año 2011.

Mientras trabajaba en esta producción televisiva se mudó a Toronto, Canadá, donde se rodaba la ficción. Allí comenzó a sentirse muy unida al país, al que considera su segundo hogar. De hecho, ha sido el lugar elegido por la pareja para fijar su residencia, en alternancia con Inglaterra.

INDEPENDIENTE, FEMINISTA Y COMPROMETIDA.

Meghan Markle, duquesa de Sussex, mostró un interés por las causas sociales desde muy temprana edad.

“Mujeres en toda América pelean contra la grasa de ollas y sartenes”, esta fue la frase protagonista de su primera acción por la igualdad de género.

Era parte de un anuncio de lavavajillas y Markle, con 11 años, mandó una carta a la primera dama estadounidense, en aquel entonces Hilary Clinton, para llamar su atención sobre este contenido sexista. Un mes después, la empresa responsable cambió “mujeres” por “personas”.

Desde los trece a los diecisiete años, Markle fue voluntaria en un comedor solidario en Los Ángeles y, tras irse a estudiar a otro estado, continuó con esta labor cada vez que volvía a casa, hasta los 22 años. En Toronto hizo lo propio durante dos años, entre 2011 y 2013.

También está involucrada en diferentes programas como One Young World, un fórum que reúne a jóvenes líderes para encontrar soluciones a los principales retos actuales. También es embajadora de la organización caritativa World Vision desde 2016.

Markle formó parte, además, de ONU Mujeres como defensora para la participación política y liderazgo de las mujeres, en 2015.

“Estoy orgullosa de ser mujer y feminista”, dijo en el día internacional de la mujer en la ONU, el mismo año.

EL ACOSO DE ALGUNOS MEDIOS.

Con la decisión de la pareja, algunos tabloides, en la línea que mantenían desde hace meses, han señalado a Markle como la única responsable de la decisión y han vertido sobre ella críticas, para muchos, cargadas de paternalismo, machismo e, incluso, racismo.

El New York Post, por ejemplo, tituló la información con un “Megxit”, en letras grandes, haciendo un juego de palabras con el denominado Brexit (la salida del Reino Unido de la Unión Europea).

Sin embargo, esta reacción por parte de la prensa más sensacionalista y de algunos estratos de la sociedad no es nueva.

Markle ha estado, casi desde el inicio, en el ojo del huracán. Desde que su relación se hizo pública en 2016 y los periódicos de mayor tirada del Reino Unido y Estados Unidos se han centrado en ella: era una mujer estadounidense, divorciada y hacían hincapié en su herencia materna afroamericana.

Después de que se hiciese oficial su relación, se publicó un comunicado para intentar frenar la línea que había tomado la prensa amarilla.

Poco antes de la boda, la asistencia o no asistencia de su padre al enlace volvió a alimentar las especulaciones y las publicaciones sensacionalistas y de mal gusto.

Tras la boda y durante el embarazo y el parto, la tónica continuó igual y la prensa criticaba todo paso que Markle daba: desde viajar a EEUU para una fiesta del bebé, no haber presentado al recién nacido casi inmediatamente después de dar a luz, querer resguardar su privacidad durante los primeros días…etc.

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