/ sábado 6 de junio de 2020

Las playas portuguesas estrenan su "nueva normalidad"

Mantienen distancia entre sombrillas y mascarilla para ir a los chiringuitos. Se irá extendiendo progresivamente por el resto del país hasta finales de mes

Aunque las escapadas a la playa son habituales desde hace un mes, la temporada de baños arrancó oficialmente hoy en Portugal, donde se ha estrenado la "nueva normalidad" en la arena: distancia entre sombrillas y mascarilla para ir a los chiringuitos.

La temporada comenzó este sábado en las playas del Algarve (sur) y de la región de Lisboa y se irá extendiendo progresivamente por el resto del país hasta finales de mes, cuando toda la costa portuguesa tendrá que cumplir las reglas definidas para poder darse un baño y tomar el sol con seguridad.

Entre los portugueses que no se han querido perder la apertura estuvo el presidente del país, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, un aficionado a los baños en el mar que tiene acostumbrados a sus compatriotas a sus imágenes en bañador.

El jefe del Estado se desplazó a media mañana a la playa de Ericeira, al norte de Lisboa, donde se sumergió en las frías aguas del Atlántico.

Tras el baño, con una mascarilla, apeló en declaraciones a periodistas a "usar la playa y la temporada de baños con precaución y pequeños pasos".

No es la primera vez que lo hace desde que estalló la pandemia. Rebelo de Sousa ya había sido captado por las cámaras en otras playas del país en las últimas semanas, siempre con mascarilla fuera del agua, para dar ejemplo de cómo disfrutar del sol, la arena y el mar en plena pandemia.

En Ericeira, como en el resto de playas del Algarve y de Lisboa, los portugueses se han encontrado este sábado con carteles para recordar las principales normas a seguir: distancia de 1,5 metros entre bañistas, de 3 metros entre sombrillas y toldos y desinfección obligatoria de las manos a su llegada a la arena.

"Podemos hacer todo siempre que lo hagamos con seguridad", dijo hoy el primer ministro, el socialista António Costa, en declaraciones a la prensa en una playa del Algarve, donde aseguró que, si se cumplen las reglas establecidas, "la playa va a ser tan beneficiosa para nuestra salud como siempre lo fue".

Se quiere evitar sobre todo la masificación en los arenales y promover las visitas a zonas con baja concentración de bañistas.

Para ello, el Gobierno portugués ha apostado por una aplicación móvil en la que se puede consultar a tiempo real el nivel de ocupación de las playas, que se juntará a la toalla, la sombrilla y el bañador como un accesorio imprescindible para el verano.

"Info Praia" recopila información proporcionada por cámaras, datos de teleoperadores de comunicación y otras fuentes para, con un sistema de colores de semáforo, mostrar qué playas están más despejadas.

Aunque no habrá multas ni una vigilancia estrecha, la ley recoge la posibilidad de ordenar el cierre de las playas donde se identifiquen de forma sistemática acumulaciones excesivas de personas.

Pese a estas restricciones, Portugal asegura que hay espacio para todos: a lo largo de los más de 900 kilómetros de costa del país puede haber en simultáneo más de 850.000 personas disfrutando de la playa sin masificaciones, recordó este sábado el primer ministro.

Los portugueses y turistas que visiten la costa lusa este verano también deberán llevar una mascarilla en la bolsa de playa.

Aunque en espacios al aire libre no es obligatorio su uso, sí que se exige para entrar al interior de los restaurantes, chiringuitos y otros establecimientos situados a pie de playa.

También cambiará ligeramente la banda sonora. Los gritos de "Bolinha de Berlim!" de los vendedores ambulantes ofreciendo berlinas, esos pasteles tan habituales en la arena portuguesa, quedarán este verano amortiguados por sus mascarillas.

La ley obliga a que todos los vendedores ambulantes, tanto de comida como los que ofrecen pañuelos, bisutería y otras ganas, lleven mascarilla y visera.

Además, deberán andar por los corredores de circulación que se han delimitado en los arenales de las playas con espacio suficiente para ello.

Estos corredores de sentido único, delimitados tanto en la orilla como en perpendicular a la línea de costa, buscan evitar que las personas se crucen sin distancia de seguridad entre ellas.

Aunque las escapadas a la playa son habituales desde hace un mes, la temporada de baños arrancó oficialmente hoy en Portugal, donde se ha estrenado la "nueva normalidad" en la arena: distancia entre sombrillas y mascarilla para ir a los chiringuitos.

La temporada comenzó este sábado en las playas del Algarve (sur) y de la región de Lisboa y se irá extendiendo progresivamente por el resto del país hasta finales de mes, cuando toda la costa portuguesa tendrá que cumplir las reglas definidas para poder darse un baño y tomar el sol con seguridad.

Entre los portugueses que no se han querido perder la apertura estuvo el presidente del país, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, un aficionado a los baños en el mar que tiene acostumbrados a sus compatriotas a sus imágenes en bañador.

El jefe del Estado se desplazó a media mañana a la playa de Ericeira, al norte de Lisboa, donde se sumergió en las frías aguas del Atlántico.

Tras el baño, con una mascarilla, apeló en declaraciones a periodistas a "usar la playa y la temporada de baños con precaución y pequeños pasos".

No es la primera vez que lo hace desde que estalló la pandemia. Rebelo de Sousa ya había sido captado por las cámaras en otras playas del país en las últimas semanas, siempre con mascarilla fuera del agua, para dar ejemplo de cómo disfrutar del sol, la arena y el mar en plena pandemia.

En Ericeira, como en el resto de playas del Algarve y de Lisboa, los portugueses se han encontrado este sábado con carteles para recordar las principales normas a seguir: distancia de 1,5 metros entre bañistas, de 3 metros entre sombrillas y toldos y desinfección obligatoria de las manos a su llegada a la arena.

"Podemos hacer todo siempre que lo hagamos con seguridad", dijo hoy el primer ministro, el socialista António Costa, en declaraciones a la prensa en una playa del Algarve, donde aseguró que, si se cumplen las reglas establecidas, "la playa va a ser tan beneficiosa para nuestra salud como siempre lo fue".

Se quiere evitar sobre todo la masificación en los arenales y promover las visitas a zonas con baja concentración de bañistas.

Para ello, el Gobierno portugués ha apostado por una aplicación móvil en la que se puede consultar a tiempo real el nivel de ocupación de las playas, que se juntará a la toalla, la sombrilla y el bañador como un accesorio imprescindible para el verano.

"Info Praia" recopila información proporcionada por cámaras, datos de teleoperadores de comunicación y otras fuentes para, con un sistema de colores de semáforo, mostrar qué playas están más despejadas.

Aunque no habrá multas ni una vigilancia estrecha, la ley recoge la posibilidad de ordenar el cierre de las playas donde se identifiquen de forma sistemática acumulaciones excesivas de personas.

Pese a estas restricciones, Portugal asegura que hay espacio para todos: a lo largo de los más de 900 kilómetros de costa del país puede haber en simultáneo más de 850.000 personas disfrutando de la playa sin masificaciones, recordó este sábado el primer ministro.

Los portugueses y turistas que visiten la costa lusa este verano también deberán llevar una mascarilla en la bolsa de playa.

Aunque en espacios al aire libre no es obligatorio su uso, sí que se exige para entrar al interior de los restaurantes, chiringuitos y otros establecimientos situados a pie de playa.

También cambiará ligeramente la banda sonora. Los gritos de "Bolinha de Berlim!" de los vendedores ambulantes ofreciendo berlinas, esos pasteles tan habituales en la arena portuguesa, quedarán este verano amortiguados por sus mascarillas.

La ley obliga a que todos los vendedores ambulantes, tanto de comida como los que ofrecen pañuelos, bisutería y otras ganas, lleven mascarilla y visera.

Además, deberán andar por los corredores de circulación que se han delimitado en los arenales de las playas con espacio suficiente para ello.

Estos corredores de sentido único, delimitados tanto en la orilla como en perpendicular a la línea de costa, buscan evitar que las personas se crucen sin distancia de seguridad entre ellas.

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