/ domingo 22 de agosto de 2021

Hilma af Klint, la artista sueca que se adelantó a Kandinsky

Hilma af Klint pintó sus primeros cuadros abstractos en 1906, antes de Wassily Kandinsky se autoproclamara el primero en pintar un cuadro no figurativo en 1911

Kandinsky no fue el primer artista en llegar a la abstracción por mucho que lo anunciara en 1911 en su conocido tratado artístico “De lo espiritual en el arte”. Cinco años antes, entre 1906 y 1907, y en silencio, lo había hecho una destacada paisajista sueca, Hilma af Klint (1862-1944) que desafió al arte figurativo con una abstracción mucho más pura, a la que llegó plasmando directamente sus emociones.

Se consideraba además de pintora una médium “un vehículo o instrumento de otros”. Fue en la última década del siglo XIX cuando abandonó la realidad académica para hacer algo que estaba “más allá de lo que se podía ver con los ojos", como ella misma expresó. Tardó años en “desaprender” lo que había aprendido en la Academia de Arte de Estocolmo.

RODEADA DE MISTERIOS.

Hilma af Klint falleció octogenaria, en un accidente en 1944, el mismo año en el que murieron Kandinsky, Mondrian, y Munch. Sin embargo, a diferencia de la de ellos, su obra nunca se expuso mientras vivió y permaneció oculta hasta hace relativamente poco. Hoy en día sigue rodeada de no pocos misterios, en gran parte, relacionados con sus prácticas espiritistas como médium.

A lo largo de su vida, ninguna institución mostró interés por su extensa producción abstracta de más de un millar de obras que, por otra parte, nunca quiso exponer por temor a no ser comprendida.

Incluso llegó a pensar en destruirla. Finalmente, Hilma -que no tuvo hijos ni se casó nunca-, optó por dejarle a su sobrino Erik af Klint un legado de más de 1.000 pinturas y un centenar de cuadernos con una última voluntad: esperar veinte años después de su muerte para que su obra viera la luz, por temor a que no fuera aceptada.

Aunque en su vida expuso solo sus pinturas figurativas, su obra abstracta no se expondría por primera vez hasta 1986, cuando lo hizo el Museo de Arte de Los Ángeles. Cuando llegó al MOMA de Nueva York tampoco recibió la importancia que merecía, pues no la incluyó en aquel momento entre sus fondos de arte abstracto.

No fue hasta 2013 cuando el Museo de Arte Moderno de Estocolmo le dedicó -por fin- una gran retrospectiva. La visionaria del arte se había quedado muy corta en predecir la lentitud en la asimilación de su obra.

Según las declaraciones del hijo del heredero y presidente de la fundación que lleva el nombre de la creadora sueca, Johan af Klint, al recibir aquel legado se encontraron con dos problemas, uno el espacio y otro el desinterés: "Mi padre no sabía dónde iba a guardar las más de 1.000 obras, la mayoría de gran formato, por lo que empezó a hablar con las instituciones, pero éstas no le hicieron caso", en referencia a las intentonas fallidas para que algún museo o institución sueca se hiciera cargo del legado.

Hilma tampoco fue tan reconocida por su propia familia por ser una mujer independiente, con sus propias ideas.

SIN RASTRO DE HILMA AF KLINT.

Nacida en 1862 en Solna, muy cerca de Estocolmo, (Suecia), Hilma Af Klint pudo estudiar en la Real Academia Sueca de las Artes de Estocolmo, uno de los pocos centros que admitían a mujeres de toda Europa.

Hija de un almirante, se ganaba la vida vendiendo los típicos paisajes naturalistas y retratos mientras en su estudio experimentaba con otro tipo de pinturas, las que le inspiraban “fuerzas ocultas que se manifestaban a través de su trazo”.

No obstante, su espíritu dio pronto muestras de subversión, y no solo en lo puramente artístico: se comprometió profundamente con el espiritismo, y la teosofía, formas de espiritualidad que fueron muy populares en aquellos años tanto en Europa como en Estados Unidos.

También estudiaron estos temas y fueron seducidos otros artistas como Kandinsky, Malevich y Mondrian: el espíritu del tiempo en el que se descubrieron los rayos X, las ondas electromagnéticas y la era del relativismo.

Hilma no tuvo hijos y lo dejó todo a un sobrino que nunca creyó que lo que pintaba aquella mujer excéntrica tuviera gran valor. Parte de su familia, extremadamente religiosa, no habría apreciado el contenido esotérico de algunas de sus obras, por lo que habrían preferido ocultarla en un depósito durante décadas.

ESPIRITISTA Y MEDIUM EN CONEXIÓN CON OTRA DIMENSIÓN.

Con su vena espiritista que busca la verdad fundamental que subyace a todas las creencias, desde su juventud dibujó círculos concéntricos, óvalos descomunales y espirales infinitas, como expresión de la totalidad del cosmos, a menudo bajo los efectos de la hipnosis.

Así llegó a las enseñanzas de Rudolf Steiner, inspirada en la teosofía pero con un marcado elemento cristiano y, a partir de 1896 ,formó parte de “Las Cinco”, un grupo de mujeres pintoras que se reunían para practicar el esoterismo, sesiones de espiritismo y dibujar en estado de semiinconsciencia que luego popularizó el movimiento surrealista.

Hilma siempre consideró que no era ella quién producía sus obras, sino que actuaba como mero vehículo intermedio, que lo hacía "en conexión con sus guías espirituales de otra dimensión".

De 1906 hasta 1915 realizó nada menos que 193 obras que llamó “Pinturas para el templo” donde llevó a cabo sus primeras incursiones en la no objetividad y, fuera por influencia de seres trascendentes o no, rompió radicalmente con su obra inicial, que sí alcanzó cierto reconocimiento en vida.

Además de las conexiones entre lo material y lo espiritual, le interesaron dicotomías de opuestos, entre dualidades muy terrenas: lo femenino y lo masculino; lo luminoso y lo oscuro, dualidades de opuestos que concibió -en su anhelo de transcender- como motores que hacen girar el mundo.

Es difícil entender por qué no se les prestó la más mínima atención durante décadas. Pero más de un siglo después, y pese a la agitación generada por su descubrimiento, parecen perdurar ciertas resistencias por elevarla al puesto que merece.

Kandinsky no fue el primer artista en llegar a la abstracción por mucho que lo anunciara en 1911 en su conocido tratado artístico “De lo espiritual en el arte”. Cinco años antes, entre 1906 y 1907, y en silencio, lo había hecho una destacada paisajista sueca, Hilma af Klint (1862-1944) que desafió al arte figurativo con una abstracción mucho más pura, a la que llegó plasmando directamente sus emociones.

Se consideraba además de pintora una médium “un vehículo o instrumento de otros”. Fue en la última década del siglo XIX cuando abandonó la realidad académica para hacer algo que estaba “más allá de lo que se podía ver con los ojos", como ella misma expresó. Tardó años en “desaprender” lo que había aprendido en la Academia de Arte de Estocolmo.

RODEADA DE MISTERIOS.

Hilma af Klint falleció octogenaria, en un accidente en 1944, el mismo año en el que murieron Kandinsky, Mondrian, y Munch. Sin embargo, a diferencia de la de ellos, su obra nunca se expuso mientras vivió y permaneció oculta hasta hace relativamente poco. Hoy en día sigue rodeada de no pocos misterios, en gran parte, relacionados con sus prácticas espiritistas como médium.

A lo largo de su vida, ninguna institución mostró interés por su extensa producción abstracta de más de un millar de obras que, por otra parte, nunca quiso exponer por temor a no ser comprendida.

Incluso llegó a pensar en destruirla. Finalmente, Hilma -que no tuvo hijos ni se casó nunca-, optó por dejarle a su sobrino Erik af Klint un legado de más de 1.000 pinturas y un centenar de cuadernos con una última voluntad: esperar veinte años después de su muerte para que su obra viera la luz, por temor a que no fuera aceptada.

Aunque en su vida expuso solo sus pinturas figurativas, su obra abstracta no se expondría por primera vez hasta 1986, cuando lo hizo el Museo de Arte de Los Ángeles. Cuando llegó al MOMA de Nueva York tampoco recibió la importancia que merecía, pues no la incluyó en aquel momento entre sus fondos de arte abstracto.

No fue hasta 2013 cuando el Museo de Arte Moderno de Estocolmo le dedicó -por fin- una gran retrospectiva. La visionaria del arte se había quedado muy corta en predecir la lentitud en la asimilación de su obra.

Según las declaraciones del hijo del heredero y presidente de la fundación que lleva el nombre de la creadora sueca, Johan af Klint, al recibir aquel legado se encontraron con dos problemas, uno el espacio y otro el desinterés: "Mi padre no sabía dónde iba a guardar las más de 1.000 obras, la mayoría de gran formato, por lo que empezó a hablar con las instituciones, pero éstas no le hicieron caso", en referencia a las intentonas fallidas para que algún museo o institución sueca se hiciera cargo del legado.

Hilma tampoco fue tan reconocida por su propia familia por ser una mujer independiente, con sus propias ideas.

SIN RASTRO DE HILMA AF KLINT.

Nacida en 1862 en Solna, muy cerca de Estocolmo, (Suecia), Hilma Af Klint pudo estudiar en la Real Academia Sueca de las Artes de Estocolmo, uno de los pocos centros que admitían a mujeres de toda Europa.

Hija de un almirante, se ganaba la vida vendiendo los típicos paisajes naturalistas y retratos mientras en su estudio experimentaba con otro tipo de pinturas, las que le inspiraban “fuerzas ocultas que se manifestaban a través de su trazo”.

No obstante, su espíritu dio pronto muestras de subversión, y no solo en lo puramente artístico: se comprometió profundamente con el espiritismo, y la teosofía, formas de espiritualidad que fueron muy populares en aquellos años tanto en Europa como en Estados Unidos.

También estudiaron estos temas y fueron seducidos otros artistas como Kandinsky, Malevich y Mondrian: el espíritu del tiempo en el que se descubrieron los rayos X, las ondas electromagnéticas y la era del relativismo.

Hilma no tuvo hijos y lo dejó todo a un sobrino que nunca creyó que lo que pintaba aquella mujer excéntrica tuviera gran valor. Parte de su familia, extremadamente religiosa, no habría apreciado el contenido esotérico de algunas de sus obras, por lo que habrían preferido ocultarla en un depósito durante décadas.

ESPIRITISTA Y MEDIUM EN CONEXIÓN CON OTRA DIMENSIÓN.

Con su vena espiritista que busca la verdad fundamental que subyace a todas las creencias, desde su juventud dibujó círculos concéntricos, óvalos descomunales y espirales infinitas, como expresión de la totalidad del cosmos, a menudo bajo los efectos de la hipnosis.

Así llegó a las enseñanzas de Rudolf Steiner, inspirada en la teosofía pero con un marcado elemento cristiano y, a partir de 1896 ,formó parte de “Las Cinco”, un grupo de mujeres pintoras que se reunían para practicar el esoterismo, sesiones de espiritismo y dibujar en estado de semiinconsciencia que luego popularizó el movimiento surrealista.

Hilma siempre consideró que no era ella quién producía sus obras, sino que actuaba como mero vehículo intermedio, que lo hacía "en conexión con sus guías espirituales de otra dimensión".

De 1906 hasta 1915 realizó nada menos que 193 obras que llamó “Pinturas para el templo” donde llevó a cabo sus primeras incursiones en la no objetividad y, fuera por influencia de seres trascendentes o no, rompió radicalmente con su obra inicial, que sí alcanzó cierto reconocimiento en vida.

Además de las conexiones entre lo material y lo espiritual, le interesaron dicotomías de opuestos, entre dualidades muy terrenas: lo femenino y lo masculino; lo luminoso y lo oscuro, dualidades de opuestos que concibió -en su anhelo de transcender- como motores que hacen girar el mundo.

Es difícil entender por qué no se les prestó la más mínima atención durante décadas. Pero más de un siglo después, y pese a la agitación generada por su descubrimiento, parecen perdurar ciertas resistencias por elevarla al puesto que merece.

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