/ domingo 21 de abril de 2019

Capitales mundiales luchan contra enemigo común: polución

París, Beijing, Santiago de Chile, Moscú, Nueva Delhi, Roma y la Ciudad de México, comparten una característica medioambiental vinculada con grandes asentamientos humanos y luchan contra un enemigo común: la polución producida por la huella de carbono de cada uno de sus habitantes.

Concentraciones urbanas que cuentan con millones de seres humanos en sus espacios geográficos, como las capitales de Francia, China, Chile, Rusia, India, Roma o México, son sitios que ante tales condiciones demográficas llegan a superar índices considerados “normales” en materia de contaminación atmosférica.

La huella de carbono se define como la suma total de los gases de efecto invernadero que son generados en forma directa o indirecta por personas, organizaciones (entidades públicas o privadas, asociaciones u organizaciones sin ánimo de lucro) eventos o productos.

Organizaciones como Ecologistas en Acción la definen como “el impacto provocado por nuestros hábitos cotidianos en el clima de la Tierra”.

Entre los Gases de Efecto Invernadero (GEI) se encuentran el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (N20), el hezxafloruro de azufre (SF6), los hidrofluorocarbonados (HFCs) y los prefluorocarbonados (PFCs), entre otros.

Para expertos en la materia, una contingencia ambiental es una situación de riesgo motivada o generada por actividades humanas o fenómenos naturales, cuyo resultado pone en riesgo la integridad de uno o varios ecosistemas, con distintos niveles de alerta que van del aviso preliminar hasta la emergencia.

La erupción de un volcán, el derrame en una plataforma petrolera o en un barco dedicado a labores del sector, excesivas concentraciones de gases GEI o un incendio forestal, por ejemplo, pueden detonar una contingencia ambiental, en este último caso o el del uso excesivo de autos e industrias, de carácter atmosférico.

Estos fenómenos pueden producir efectos adversos en grupos especialmente vulnerables como menores de edad, adultos mayores y en aquellas personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, pero su negativa influencia puede incluso afectar a personas completamente sanas.

La Ciudad de México, nombre oficial de la capital mexicana, ha sufrido en las últimas semanas varias contingencias ambientales atmosféricas de diversa magnitud con afectaciones directas para sus pobladores, pero no es la única que las padece en el mundo.

París ha tomado acciones para paliar el problema como restricciones vehiculares con un programa parecido al No Circula que la Ciudad de México aplica con restricciones de circulación vehicular los domingos y días festivos en avenidias principalísimas como Campos Elíseos.

Aquí un dato interesante: partículas finas suspendidas (PM2, 5), ozono (O3) y dióxido de nitrógeno (NO2) son directamente responsables de unas 52 mil muertes en territorio francés.

En Europa la cifra crece hasta alcanzar la alarmante cifra de 491 mil personas muertas por causas directas de esta clase de contaminación, de acuerdo con información de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA)

A mediados de marzo pasado, miles de franceses marcharon por las calles de sus principales ciudades -en París unos 150 mil, según cifras extraoficiales- para exigir a su gobierno que tome medidas contra la contaminación y el cambio climático. París tiene alrededor de dos millones 300 mil habitantes.

Por otra parte, en la concentradísima capital china, Beijing, con casi de 22 millones de habitantes, las contingencias son también un fenómeno recurrente que se debe no solo a la circulación vehicular, sino a su frenético crecimiento con afectación directa al medio ambiente.

Desde hace poco más de cuatro años, la capital del gigante asiático implementa una alerta de contaminación por humo tóxico y aplica una restricción vehicular de hasta 50 por ciento durante varios días y reduce a cero la asistencia a centros escolares, principalmente los jardines de niños y los ciclos primarios.

Personal de Notimex ha sido testigo en diversas ocasiones del grado de contaminación extrema al que se llega también en provincias costeras como Shanghai, que han llegado a motivar el "bombardeo de nubes" para hacer llover y poder así paliar los efectos nocivos de los contaminantes.

Entre 1990 y 2018 China multiplicó el valor de su economía más de 200 veces, revelan estadísticas del Banco Mundial (BM).

En Santiago de Chile, la capital chilena, con más de seis millones de habitantes, también se sufren contingencias ambientales.

Sobre todo en los meses de otoño e invierno por la falta de viento, lo que provoca fenómenos atmosféricos como la inversión térmica que se explican con temperaturas menores en la superficie que las existentes en las alturas que provocan que partículas suspendidas que afectan la salud se queden a ras de suelo.

Existen programas de control de circulación vehicular por colores (quienes tienen equipo que modifican las emisiones contaminantes y los que no cuentan con él) y restricciones a la industria. La asistencia a centros escolares es suspendida bajo estas condiciones.

Moscú, la capital rusa que tiene 12.5 millones de habitantes, cuenta con sus propios problemas de contaminación. Según una reciente encuenta oficial la contaminación del aire y la basura son para sus ciudadanos los principales problemas ecológicos en la actualidad.

La contaminación del aire por las fábricas es el principal problema identificado por el 16 por ciento de sus ciudadanos, el seis por ciento por el aire contaminado y otro cinco por ciento la contaminación causada por el transporte.

En la capital de India, Nueva Delhi, con 10 millones de habitantes, el incremento vehicular que pasó de unos 200 mil vehículos en 1989 a 3.5 millones en la actualidad, ha causado problemas serios de contaminación atmosférica, pero la existencia de centrales carboníferas aumentan los riesgos.

En Roma, la capital italiana con casi tres millones de habitantes, se aplican desde el año pasado restricciones a los automóviles más contaminantes y se apoyan iniciativas tendientes a motivar el uso de coches eléctricos y la movilidad con el uso de bicicletas, combustibles alternativos y pinturas que absorban partículas PM10.

París, Beijing, Santiago de Chile, Moscú, Nueva Delhi, Roma y la Ciudad de México, comparten una característica medioambiental vinculada con grandes asentamientos humanos y luchan contra un enemigo común: la polución producida por la huella de carbono de cada uno de sus habitantes.

Concentraciones urbanas que cuentan con millones de seres humanos en sus espacios geográficos, como las capitales de Francia, China, Chile, Rusia, India, Roma o México, son sitios que ante tales condiciones demográficas llegan a superar índices considerados “normales” en materia de contaminación atmosférica.

La huella de carbono se define como la suma total de los gases de efecto invernadero que son generados en forma directa o indirecta por personas, organizaciones (entidades públicas o privadas, asociaciones u organizaciones sin ánimo de lucro) eventos o productos.

Organizaciones como Ecologistas en Acción la definen como “el impacto provocado por nuestros hábitos cotidianos en el clima de la Tierra”.

Entre los Gases de Efecto Invernadero (GEI) se encuentran el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (N20), el hezxafloruro de azufre (SF6), los hidrofluorocarbonados (HFCs) y los prefluorocarbonados (PFCs), entre otros.

Para expertos en la materia, una contingencia ambiental es una situación de riesgo motivada o generada por actividades humanas o fenómenos naturales, cuyo resultado pone en riesgo la integridad de uno o varios ecosistemas, con distintos niveles de alerta que van del aviso preliminar hasta la emergencia.

La erupción de un volcán, el derrame en una plataforma petrolera o en un barco dedicado a labores del sector, excesivas concentraciones de gases GEI o un incendio forestal, por ejemplo, pueden detonar una contingencia ambiental, en este último caso o el del uso excesivo de autos e industrias, de carácter atmosférico.

Estos fenómenos pueden producir efectos adversos en grupos especialmente vulnerables como menores de edad, adultos mayores y en aquellas personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, pero su negativa influencia puede incluso afectar a personas completamente sanas.

La Ciudad de México, nombre oficial de la capital mexicana, ha sufrido en las últimas semanas varias contingencias ambientales atmosféricas de diversa magnitud con afectaciones directas para sus pobladores, pero no es la única que las padece en el mundo.

París ha tomado acciones para paliar el problema como restricciones vehiculares con un programa parecido al No Circula que la Ciudad de México aplica con restricciones de circulación vehicular los domingos y días festivos en avenidias principalísimas como Campos Elíseos.

Aquí un dato interesante: partículas finas suspendidas (PM2, 5), ozono (O3) y dióxido de nitrógeno (NO2) son directamente responsables de unas 52 mil muertes en territorio francés.

En Europa la cifra crece hasta alcanzar la alarmante cifra de 491 mil personas muertas por causas directas de esta clase de contaminación, de acuerdo con información de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA)

A mediados de marzo pasado, miles de franceses marcharon por las calles de sus principales ciudades -en París unos 150 mil, según cifras extraoficiales- para exigir a su gobierno que tome medidas contra la contaminación y el cambio climático. París tiene alrededor de dos millones 300 mil habitantes.

Por otra parte, en la concentradísima capital china, Beijing, con casi de 22 millones de habitantes, las contingencias son también un fenómeno recurrente que se debe no solo a la circulación vehicular, sino a su frenético crecimiento con afectación directa al medio ambiente.

Desde hace poco más de cuatro años, la capital del gigante asiático implementa una alerta de contaminación por humo tóxico y aplica una restricción vehicular de hasta 50 por ciento durante varios días y reduce a cero la asistencia a centros escolares, principalmente los jardines de niños y los ciclos primarios.

Personal de Notimex ha sido testigo en diversas ocasiones del grado de contaminación extrema al que se llega también en provincias costeras como Shanghai, que han llegado a motivar el "bombardeo de nubes" para hacer llover y poder así paliar los efectos nocivos de los contaminantes.

Entre 1990 y 2018 China multiplicó el valor de su economía más de 200 veces, revelan estadísticas del Banco Mundial (BM).

En Santiago de Chile, la capital chilena, con más de seis millones de habitantes, también se sufren contingencias ambientales.

Sobre todo en los meses de otoño e invierno por la falta de viento, lo que provoca fenómenos atmosféricos como la inversión térmica que se explican con temperaturas menores en la superficie que las existentes en las alturas que provocan que partículas suspendidas que afectan la salud se queden a ras de suelo.

Existen programas de control de circulación vehicular por colores (quienes tienen equipo que modifican las emisiones contaminantes y los que no cuentan con él) y restricciones a la industria. La asistencia a centros escolares es suspendida bajo estas condiciones.

Moscú, la capital rusa que tiene 12.5 millones de habitantes, cuenta con sus propios problemas de contaminación. Según una reciente encuenta oficial la contaminación del aire y la basura son para sus ciudadanos los principales problemas ecológicos en la actualidad.

La contaminación del aire por las fábricas es el principal problema identificado por el 16 por ciento de sus ciudadanos, el seis por ciento por el aire contaminado y otro cinco por ciento la contaminación causada por el transporte.

En la capital de India, Nueva Delhi, con 10 millones de habitantes, el incremento vehicular que pasó de unos 200 mil vehículos en 1989 a 3.5 millones en la actualidad, ha causado problemas serios de contaminación atmosférica, pero la existencia de centrales carboníferas aumentan los riesgos.

En Roma, la capital italiana con casi tres millones de habitantes, se aplican desde el año pasado restricciones a los automóviles más contaminantes y se apoyan iniciativas tendientes a motivar el uso de coches eléctricos y la movilidad con el uso de bicicletas, combustibles alternativos y pinturas que absorban partículas PM10.

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