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Universitarios buscan mejorar clima escolar

  • Redacción
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Desde hace dos años, alumnos de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro trabajaron en una investigación con el objetivo de generar un clima escolar propicio para el desarrollo de un clima armónico en las comunidades educativas.

Para abarcar todas las regiones del territorio estatal, esta labor de investigación e intervención la llevaron a cabo en 30 secundarias -entre generales, técnicas y telesecundarias-, identificadas con cierto nivel de vulnerabilidad.

Isabel García Uribe, profesora investigadora de esta Casa de Estudios, está a cargo de del proyecto “Evaluación del clima escolar e implementación de un programa de apoyo a estudiantes de escuelas secundarias vulnerables. En el marco de la convivencia escolar”. Comentó que los universitarios brindaron apoyo para que en estas escuelas se promueva un ambiente favorable que permita establecer relaciones empáticas, una comunicación asertiva propicia para la resolución de conflictos de manera pacífica, así como fomentar una cultura de paz.

Explicó la docente que la iniciativa comenzó con la identificación de las secundarias, entre las que se eligieron aquellas que se localizan en un entorno de riesgo por la violencia social, la violencia intrafamiliar, situaciones socioeconómicas precarias y otros aspectos que inciden en la vida escolar, a la par, se brindó capacitación a los jóvenes que se sumaron como asistentes de investigación y prestadores de servicio social.

Posteriormente y siguiendo con el plan de acción establecido, se hizo un diagnóstico del clima escolar, considerando para ello los factores de vulnerabilidad sociales, familiares y escolares, una vez identificados, se realizó un plan de intervención dirigido a los alumnos, a sus padres y madres, y cuando se consideró necesario se trabajó con los docentes a fin de cumplir con el objetivo de estabilizar el clima de convivencia escolar.

Para evaluar el clima escolar implementaron encuestas que ya han sido probadas por otros especialistas para medir los indicadores de la violencia que se producen en el ámbito académico, diseñaron otros instrumentos para detectar los factores externos que influyen en la dinámica de las escuelas. Fue así que realizaron un amplio trabajo de sondeos, observaciones en grupo y entrevistas con alumnos, maestros, directivos y con los padres de familia para identificar las problemáticas y establecer las estrategias de intervención acordes con cada espacio.

“No sólo era evaluar las áreas de oportunidad, también nos fijamos en las fortalezas de las escuelas para potenciarlas. De acuerdo con cada comunidad establecimos talleres, asambleas, grupos de reflexión, entrevistas individuales y con los padres, intervención psicológica individual o grupal. Ha sido un trabajo integral”, detalló la profesora.

Al respecto, la Mtra. García Uribe señaló la importancia de entender lo que ocurre en el interior y exterior de las secundarias, ya que en esos espacios confluye una gran diversidad de personas con sus propias historias familiares, ideologías, creencias y formas de ser y “Es ahí donde de manera natural se fusionan factores de riesgo que provienen de las dinámicas sociales, familiares con los de la escuela, se crean formas específicas de convivir en cada aula y en la en cada escuela, esto hace que se dinamice la convivencia escolar de manera compleja ya sea con expresiones de violencia o, bien, con un clima en el que prevalezcan los valores humanos, un ambiente sano, pacifico e inclusivo”.

A partir de esta experiencia de investigación y colaboración con las secundarias, la Mtra. García Uribe indicó que constataron que la violencia familiar y social son factores que no se quedan fuera de las aulas, por el contrario inciden en los procesos escolares, incrementando los índices de violencia en las comunidades académicas; de ahí la importancia de trabajar prioritariamente la prevención, así como acciones de intervención y seguimiento ante los factores de riesgo detectados.

La universitaria lamentó que esto, a su vez, se traduzca en un menor aprovechamiento y rendimiento por parte de los estudiantes, pues “Se incrementan componentes de riesgos cuando viven como víctimas o victimarios; también el aspecto de personalidad se altera y obviamente baja el interés y la motivación en el plan de vida de carrera y en los procesos de aprendizaje formales”.