/ lunes 17 de septiembre de 2018

Damnificados del sismo aún viven en desgastadas casa de campaña

Los compromisos de las autoridades distan de la realidad de Gregorio y María, quienes son de la tercera edad, y hasta el momento siguen sin cumplirles

Puebla.- Deambulando por las calles, sentados en lo que era el palacio auxiliar y escuchando misa a las afueras de una iglesia en proceso de reconstrucción, es como pasan sus días desde hace un año el matrimonio de Gregorio y María, dos adultos enfermos de 68 y 78 años de edad de San Juan Pilcaya que perdieron su vivienda por el terremoto de 7.1° del 19 de septiembre y que no fueron apoyados por las autoridades para levantar un nuevo patrimonio. Actualmente viven en una desgastada casa de campaña que donó el gobierno de China.

Pilcaya es la junta auxiliar poblana más cercana al municipio de Axochiapan, Morelos, donde fue el epicentro del sismo que sacudió nueve estados del país. En ella viven alrededor de dos mil 400 personas, quienes se mantienen del campo, de sus sembradíos de maíz y sorgo.

Las promesas de las autoridades distan de la realidad de Gregorio y María y de algunas otras familias a las que hace menos de un mes les comenzaron a construir sus nuevas viviendas y de los visibles inmuebles que a pesar de la gravedad de los daños que sufrieron aún no son demolidos, como la tienda Diconsa de la comunidad e incluso la presidencia auxiliar, la cual está adornada con banderines alusivos a las Fiestas Patrias a pesar del estado en el que se encuentra.

El movimiento telúrico dejó afectaciones en alrededor de 400 viviendas de Pilcaya, de las cuales 90 fueron catalogadas como pérdida total, no obstante, a un año de lo sucedido apenas se han entregado entre 30 y 40, según explicó Antonio Ríos Nájera, presidente auxiliar, quien reportó que las autoridades nada más otorgaron 15 mil de los 25 mil pesos que habían prometido para los casos de daños parciales.

No obstante, Pilcaya da muestra de que querer levantarse de la tragedia pues en esta comunidad se aprecian ya algunas viviendas terminadas, limpias, con colores llamativos como rosa, amarillo, rojas, algunas de ellas a pie de carretera.

La nube de polvo que se levantó hace un año por los escombros, ya desapareció. Ahora en las calles se ve material de construcción, cemento, blocks y ladrillos huecos, así como niños divirtiéndose en sus bicicletas, amas de casa comprando la verdura para hacer la comida, mientras los hombres están en el campo.

Que la vida esté regresando a la normalidad en Pilcaya no significa que no haya temor entre la población porque se repita la tragedia, sentimiento que aumenta entre los habitantes por el rumor que está corriendo en la televisión y en las redes sociales, en el sentido de que antes de que acabe el año se registrará un nuevo terremoto en México.

“Es lo que nos están contando ahorita, que viene otro más fuerte para el 23 de octubre, la verdad sólo Dios sabe, yo pienso que eso no está programado, no sabemos en qué rato nos va a tocar”, señala Isabel Tapia Patiño, a cuya familia las autoridades le están construyendo una vivienda pues en la que vivían, que es de su cuñado que radica en Estados Unidos, quedó devastada.

Para el presidente auxiliar, Pilcaya no está olvidado y muestra de ello fue el apoyo en despensas y ropa que recibió la población no sólo de parte de las autoridades de México sino de su gente y de gobiernos de otros países.

GREGORIO Y MARÍA

Foto: Bibiana Díaz

El matrimonio de Gregorio y María, que no tiene hijos en común, es conocido entre los habitantes de Pilcaya, por las autoridades eclesiásticas y auxiliares. No se meten en problemas. Caminan lento, sin rumbo fijo, pero siempre juntos.

Los familiares de don Gregorio prácticamente les dieron la espalda después de haber perdido su hogar por el temblor, pues bajo el argumento de que ya no hay cupo para ellos, su hermano les ha impedido que se queden en su hogar, ubicado en la colonia La Candelaria.

En este hogar de plástico de color azul solamente tienen su cama, una mesa de madera y ropa tirada y amontonada en el piso. Sus necesidades fisiológicas las tienen que realizar en el campo que rodea su improvisada morada.

Sin argumento alguno, su petición para ser incluidos entre los beneficiarios para que su vivienda fuera reconstruida, fue rechazada.

Esta situación los obligó, según personas de la iglesia, a encarar en dos ocasiones a Gerardo Islas Maldonado, en visitas que hizo en su calidad de secretario de Desarrollo Social y candidato a diputado local por la Mixteca.

La palabra del ahora legislador morenovallista electo, así como la de Peña Nieto y Gali Fayad, tampoco se cumplió. Don Gregorio y su esposa siguen esperando que llegue ayuda, pero sin ilusión.

Gregorio y María están sentados en las carpas que están colocadas en el atrio de la iglesia de Pilcaya, en donde se celebran ahora las misas. La reparación del interior del inmueble eclesiástico, ya acabó, y se espera que la parte externa esté lista en tres meses, lo que permitirá el matrimonio, puedan recibir a Dios como lo hacían antes del 19 de septiembre del año pasado.


Puebla.- Deambulando por las calles, sentados en lo que era el palacio auxiliar y escuchando misa a las afueras de una iglesia en proceso de reconstrucción, es como pasan sus días desde hace un año el matrimonio de Gregorio y María, dos adultos enfermos de 68 y 78 años de edad de San Juan Pilcaya que perdieron su vivienda por el terremoto de 7.1° del 19 de septiembre y que no fueron apoyados por las autoridades para levantar un nuevo patrimonio. Actualmente viven en una desgastada casa de campaña que donó el gobierno de China.

Pilcaya es la junta auxiliar poblana más cercana al municipio de Axochiapan, Morelos, donde fue el epicentro del sismo que sacudió nueve estados del país. En ella viven alrededor de dos mil 400 personas, quienes se mantienen del campo, de sus sembradíos de maíz y sorgo.

Las promesas de las autoridades distan de la realidad de Gregorio y María y de algunas otras familias a las que hace menos de un mes les comenzaron a construir sus nuevas viviendas y de los visibles inmuebles que a pesar de la gravedad de los daños que sufrieron aún no son demolidos, como la tienda Diconsa de la comunidad e incluso la presidencia auxiliar, la cual está adornada con banderines alusivos a las Fiestas Patrias a pesar del estado en el que se encuentra.

El movimiento telúrico dejó afectaciones en alrededor de 400 viviendas de Pilcaya, de las cuales 90 fueron catalogadas como pérdida total, no obstante, a un año de lo sucedido apenas se han entregado entre 30 y 40, según explicó Antonio Ríos Nájera, presidente auxiliar, quien reportó que las autoridades nada más otorgaron 15 mil de los 25 mil pesos que habían prometido para los casos de daños parciales.

No obstante, Pilcaya da muestra de que querer levantarse de la tragedia pues en esta comunidad se aprecian ya algunas viviendas terminadas, limpias, con colores llamativos como rosa, amarillo, rojas, algunas de ellas a pie de carretera.

La nube de polvo que se levantó hace un año por los escombros, ya desapareció. Ahora en las calles se ve material de construcción, cemento, blocks y ladrillos huecos, así como niños divirtiéndose en sus bicicletas, amas de casa comprando la verdura para hacer la comida, mientras los hombres están en el campo.

Que la vida esté regresando a la normalidad en Pilcaya no significa que no haya temor entre la población porque se repita la tragedia, sentimiento que aumenta entre los habitantes por el rumor que está corriendo en la televisión y en las redes sociales, en el sentido de que antes de que acabe el año se registrará un nuevo terremoto en México.

“Es lo que nos están contando ahorita, que viene otro más fuerte para el 23 de octubre, la verdad sólo Dios sabe, yo pienso que eso no está programado, no sabemos en qué rato nos va a tocar”, señala Isabel Tapia Patiño, a cuya familia las autoridades le están construyendo una vivienda pues en la que vivían, que es de su cuñado que radica en Estados Unidos, quedó devastada.

Para el presidente auxiliar, Pilcaya no está olvidado y muestra de ello fue el apoyo en despensas y ropa que recibió la población no sólo de parte de las autoridades de México sino de su gente y de gobiernos de otros países.

GREGORIO Y MARÍA

Foto: Bibiana Díaz

El matrimonio de Gregorio y María, que no tiene hijos en común, es conocido entre los habitantes de Pilcaya, por las autoridades eclesiásticas y auxiliares. No se meten en problemas. Caminan lento, sin rumbo fijo, pero siempre juntos.

Los familiares de don Gregorio prácticamente les dieron la espalda después de haber perdido su hogar por el temblor, pues bajo el argumento de que ya no hay cupo para ellos, su hermano les ha impedido que se queden en su hogar, ubicado en la colonia La Candelaria.

En este hogar de plástico de color azul solamente tienen su cama, una mesa de madera y ropa tirada y amontonada en el piso. Sus necesidades fisiológicas las tienen que realizar en el campo que rodea su improvisada morada.

Sin argumento alguno, su petición para ser incluidos entre los beneficiarios para que su vivienda fuera reconstruida, fue rechazada.

Esta situación los obligó, según personas de la iglesia, a encarar en dos ocasiones a Gerardo Islas Maldonado, en visitas que hizo en su calidad de secretario de Desarrollo Social y candidato a diputado local por la Mixteca.

La palabra del ahora legislador morenovallista electo, así como la de Peña Nieto y Gali Fayad, tampoco se cumplió. Don Gregorio y su esposa siguen esperando que llegue ayuda, pero sin ilusión.

Gregorio y María están sentados en las carpas que están colocadas en el atrio de la iglesia de Pilcaya, en donde se celebran ahora las misas. La reparación del interior del inmueble eclesiástico, ya acabó, y se espera que la parte externa esté lista en tres meses, lo que permitirá el matrimonio, puedan recibir a Dios como lo hacían antes del 19 de septiembre del año pasado.


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