/ domingo 12 de mayo de 2024

El cronista sanjuanense | Sequías en México

A partir de la revisión histórica, documental y hemerográfica, gracias a varios cronistas, historiadores e investigadores, se han documentado las sequías en México. Desde la perspectiva social, las sequías tienen consecuencias económicas y producen efectos negativos en la población. Los efectos de las sequías son diferenciados de acuerdo con las condiciones geográficas y climáticas naturales, constitución de la población y estructura económico-productiva del territorio, estado o región.

La información sobre las sequías en la época prehispánica es escasa, empero existen registros de episodios severos asociados con el clima, que tuvieron impacto catastrófico en las civilizaciones antiguas. La ocurrencia, extensión y características de las sequías antes de la llegada de los españoles es difícil de conocer por la falta de información, sin embargo, los historiadores han hecho una reconstrucción con base en la recopilación o mención en diversos documentos. En México, olmecas, mayas, nahuas y tarascos, ante la falta de lluvia, llevaban a cabo sacrificios para contentar a los dioses. Tras la dominación española, dichas prácticas fueron abatidas y sustituidas por una nueva organización agrícola y de propiedad de la tierra. Algunos estudios incluso relacionan las caídas de grandes culturas con haber sufrido sequías prolongadas. Diversas fuentes bibliográficas permiten cuantificar entre 74 y 88 eventos de sequía en el país durante el periodo prehispánico. Existe un dato de mediados del siglo XV (1438-1460) sobre una "megasequía" en el centro de México, que provocó pérdida de cosechas, causó hambre y mortandad. La sequía apareció sin duda como un factor que impulsó la migración de los pueblos prehispánicos en busca de agua.

Durante el virreinato, se sabe de prolongadas sequías en el Bajío y Coahuila, que llegaban a durar entre cinco y siete años. Los alimentos escaseaban y, por tanto, subía su precio. La falta de alimentos fue causa de epidemias y hambruna, aumento de mendigos y desempleados en las principales ciudades. La primera mitad del siglo XIX estuvo marcada por eventos catastróficos, desde epidemias, plagas y enfermedades, hasta la sequía, con las consecuencias de migración, conflictos sociales, acaparamiento, desigualdad social e inestabilidad política en muchos casos. Particularmente una sequía se destaca como la más grave durante el virreinato, ocurrida entre 1785 y 1786, que abarcó casi todo el territorio novohispano. Fue la más severa crisis agrícola experimentada por los pobladores de la Nueva España. A partir de ella se desató una espiral inflacionaria que duraría veinte años. Los problemas económicos que afectaron algunas regiones, en particular el Bajío, aunados a los descontentos sociales y a los problemas políticos que existían en la Nueva España y en la metrópoli, pueden considerarse parte de los factores detonantes en el estallido de la Guerra de Independencia en los primeros años del siglo XIX. Durante las crisis más severas, las ciudades recibían oleadas de migrantes y vagabundos, y la tensión social aumentaba por el asedio de estas multitudes a las alhóndigas, los pósitos, las instituciones de caridad y los graneros de los grandes propietarios. En repetidas ocasiones, ante el temor que despertaba la presencia de mendigos, las autoridades municipales y los virreyes acordaban implantar bajas importantes en el precio del maíz, o aumentos en las limosnas y en los servicios asistenciales.

En el México independiente, los efectos socioeconómicos más importantes de las sequías eran la pérdida de ganado y siembras, y para fines de siglo, abusos por acaparamiento de parte de hacendados, latifundistas y grandes compañías. Para entonces había una buena relación con Estados Unidos, país que apoyó a México en épocas de crisis agrícola con donación de granos para superar las pérdidas en el norte del país.

Debemos mencionar el rol de la Iglesia en estas épocas, que muestra el poder que ejercía y desplegaba para ayudar o eximir de diezmos, por ejemplo, pero también como vínculo con los gobiernos para atender sequías incluso de forma no terrenal. Implementaba la Iglesia rogativas a la Virgen o al santo patrón, en los pueblos y ciudades -tradición que venía del virreinato-. A la virgen o al santo se le sacaba a peregrinar para pedir por las lluvias, pero también para rezar para que dejara de llover, según fuera el caso. En muchos lugares de la región de Querétaro se sigue haciendo.

A lo largo del tiempo las sequías se han visto más severas a cada tanto. La época actual nos presenta este fenómeno que nos invita a reaccionar y tomar medidas para enfrentar sus efectos, ya sea de forma paliativa, de mediano y largo plazo.

Síganme en Facebook: @CronistaSanJuandelRio

A partir de la revisión histórica, documental y hemerográfica, gracias a varios cronistas, historiadores e investigadores, se han documentado las sequías en México. Desde la perspectiva social, las sequías tienen consecuencias económicas y producen efectos negativos en la población. Los efectos de las sequías son diferenciados de acuerdo con las condiciones geográficas y climáticas naturales, constitución de la población y estructura económico-productiva del territorio, estado o región.

La información sobre las sequías en la época prehispánica es escasa, empero existen registros de episodios severos asociados con el clima, que tuvieron impacto catastrófico en las civilizaciones antiguas. La ocurrencia, extensión y características de las sequías antes de la llegada de los españoles es difícil de conocer por la falta de información, sin embargo, los historiadores han hecho una reconstrucción con base en la recopilación o mención en diversos documentos. En México, olmecas, mayas, nahuas y tarascos, ante la falta de lluvia, llevaban a cabo sacrificios para contentar a los dioses. Tras la dominación española, dichas prácticas fueron abatidas y sustituidas por una nueva organización agrícola y de propiedad de la tierra. Algunos estudios incluso relacionan las caídas de grandes culturas con haber sufrido sequías prolongadas. Diversas fuentes bibliográficas permiten cuantificar entre 74 y 88 eventos de sequía en el país durante el periodo prehispánico. Existe un dato de mediados del siglo XV (1438-1460) sobre una "megasequía" en el centro de México, que provocó pérdida de cosechas, causó hambre y mortandad. La sequía apareció sin duda como un factor que impulsó la migración de los pueblos prehispánicos en busca de agua.

Durante el virreinato, se sabe de prolongadas sequías en el Bajío y Coahuila, que llegaban a durar entre cinco y siete años. Los alimentos escaseaban y, por tanto, subía su precio. La falta de alimentos fue causa de epidemias y hambruna, aumento de mendigos y desempleados en las principales ciudades. La primera mitad del siglo XIX estuvo marcada por eventos catastróficos, desde epidemias, plagas y enfermedades, hasta la sequía, con las consecuencias de migración, conflictos sociales, acaparamiento, desigualdad social e inestabilidad política en muchos casos. Particularmente una sequía se destaca como la más grave durante el virreinato, ocurrida entre 1785 y 1786, que abarcó casi todo el territorio novohispano. Fue la más severa crisis agrícola experimentada por los pobladores de la Nueva España. A partir de ella se desató una espiral inflacionaria que duraría veinte años. Los problemas económicos que afectaron algunas regiones, en particular el Bajío, aunados a los descontentos sociales y a los problemas políticos que existían en la Nueva España y en la metrópoli, pueden considerarse parte de los factores detonantes en el estallido de la Guerra de Independencia en los primeros años del siglo XIX. Durante las crisis más severas, las ciudades recibían oleadas de migrantes y vagabundos, y la tensión social aumentaba por el asedio de estas multitudes a las alhóndigas, los pósitos, las instituciones de caridad y los graneros de los grandes propietarios. En repetidas ocasiones, ante el temor que despertaba la presencia de mendigos, las autoridades municipales y los virreyes acordaban implantar bajas importantes en el precio del maíz, o aumentos en las limosnas y en los servicios asistenciales.

En el México independiente, los efectos socioeconómicos más importantes de las sequías eran la pérdida de ganado y siembras, y para fines de siglo, abusos por acaparamiento de parte de hacendados, latifundistas y grandes compañías. Para entonces había una buena relación con Estados Unidos, país que apoyó a México en épocas de crisis agrícola con donación de granos para superar las pérdidas en el norte del país.

Debemos mencionar el rol de la Iglesia en estas épocas, que muestra el poder que ejercía y desplegaba para ayudar o eximir de diezmos, por ejemplo, pero también como vínculo con los gobiernos para atender sequías incluso de forma no terrenal. Implementaba la Iglesia rogativas a la Virgen o al santo patrón, en los pueblos y ciudades -tradición que venía del virreinato-. A la virgen o al santo se le sacaba a peregrinar para pedir por las lluvias, pero también para rezar para que dejara de llover, según fuera el caso. En muchos lugares de la región de Querétaro se sigue haciendo.

A lo largo del tiempo las sequías se han visto más severas a cada tanto. La época actual nos presenta este fenómeno que nos invita a reaccionar y tomar medidas para enfrentar sus efectos, ya sea de forma paliativa, de mediano y largo plazo.

Síganme en Facebook: @CronistaSanJuandelRio