/ miércoles 14 de agosto de 2019

Contraluz: Amado Nervo y José D. Frías

Poco antes de su muerte, Amado Nervo había viajado a París y a Londres quizá en un afán de presentimiento y despedida.

Hace poco más de 100 años el escritor y poeta Amado Nervo murió en la ciudad de Montevideo, Uruguay, el 24 de mayo de 1919, en el Parque Hotel, donde vivía siendo Jefe de la Misión Diplomática de México en Uruguay a donde había arribado escasos días antes.

Sus restos fueron repatriados a México vía mar, en un barco uruguayo y escoltado por embarcaciones argentinas, cubanas, venezolanas y brasileñas. En México se le rindió enorme homenaje en su trayecto a Veracruz a México -del que da cuente en impresionantes imágenes el cineasta Salvador Toscano-, y fue sepultado, acompañado de una gran multitud, en la Rotonda de las Personas Ilustres, el 14 de noviembre de 1919.

"Amé, fui amado,/ el sol acarició mi faz / ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!", los últimos versos de su poema "En paz", escrito en 1915 y publicado un año después en su libro Elevación, resuenan aún en toda Hispanoamérica y España, como ocurrió en el Senado uruguayo cien años atrás durante homenaje luctuoso.

Poco antes de su muerte, Amado Nervo había viajado a París y a Londres quizá en un afán de presentimiento y despedida.

El poeta queretano José Dolores Frías dio cuenta de ello en un artículo que envió como corresponsal de El Universal el 17 de marzo de 1919.

Dibujo en tinta de Diego Rivera del vate queretano José Dolores Frías en 1924.

El vate queretano reportó el lamento de Amado Nervo durante una recepción organizada en la Ciudad Luz por el “director de América Latina”: “¡Pensar que yo entré a la diplomacia sólo por residir en París, y no haber vivido aquí nunca con encargo de representar a mi país!”.

Y después, en el mismo ágape, alguien recordó, reseña en su reportaje José Dolores Frías, que “Rubén Darío había muerto –en 1916- teniendo en sus manos un Santo Cristo que Amado Nervo le había regalado, a lo que éste anotó: “efectivamente, de Italia le traje ese Crucifijo y las memorias de Benvenuto Cellini”. José Dolores añade: “por algo en sus rimas de juventud dijo:

“Para librarme de lo imprevisto

Cuando la estancia se queda sola

Tengo en mis manos un Santo Cristo,

Un Santo Cristo y una pistola…”

En su texto, el vate José D. Frías observa y destaca sobre Nervo:

“Tiene frente a las cosas y los hechos una resignada y curiosa actitud; pero su simpatía ya no se alza, como en otra hora, a buscar anhelosamente una pasión, un matiz, una aventura espiritual. ¿Desasido está de toda cosa...?”

Y añade que durante la recepción, a un interlocutor dijo Amado Nervo: “Yo a punto fijo no recuerdo mi edad, sobre todo delante de las damas; pero me siento ahora más joven, es decir, más alegre, Cuando yo tenía 25 años era un poco triste…”

Amado Nervo fue un poeta romántico considerado padre del modernismo en México y destacado poeta hispanoamericano, además de escritor de novelas, dramaturgo y ensayista.

Amado Nervo, cuyo nombre original era Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo nació el 27 de agosto de 1870 en Tepic, Nayarit; vivió en París –unos nueve meses con Rubén Darío-, donde conoció y se unió a las nuevas expresiones modernistas, matizando el final de su vida con sentimientos de enorme espiritualidad, misticismo y nostalgia.

Sus primeros estudios los realizó Amado Nervo en el colegio de San Luis Gonzaga de Michoacán y posteriormente, en el Seminario de Zamora; en 1891 ya trabajaba como escritor, colaborando en Mazatlán en el Correo de la Tarde y en 1894 en la Ciudad de México escribiendo para la revista Azul, donde conoció a Luis G. Urbina, a Pagaza, a Othón, Manuel Gutiérrez Nájera e inclusive a Rubén Darío.

Entre 1898 y 1900 fundó y dirigió con Jesús Valenzuela la Revista Moderna, sucesora de Azul. En este mismo año publicó su primer libro de versos llamado Místicas.

En 1900 viajó a París, enviado como corresponsal del periódico El Mundo a la Exposición Universal. Allí se relacionó con Verlaine, con Oscar Wilde, y otra vez con Rubén Darío.

En 1905 ingresó a la carrera diplomática como secretario de la embajada de México en Madrid donde además escribió como corresponsal de El Mundo, al igual que en varios periódicos latinoamericanos.

En 1914, debido a la Revolución, cesó en su cargo de primer secretario y vivió serios problemas económicos. En 1918, volvió a ser reconocido como diplomático, pasando a ser ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay. Viajó a París y Londres y arribó a Montevideo pocos días antes de su muerte.

Por su parte el poeta queretano José Dolores Frías dejó para la posteridad “Los días vagabundos y otros ritmos”, reeditado por gobierno del Estado y Plaza y Valdés en 1988; dos poemarios y cientos de artículos y reportajes realizados para El Universal –Revista de Revistas- en los albores del siglo pasado, uno de los cuales ha dado pie para el presente texto.

Amigo de Diego Rivera, André Gide y otros pintores y literatos en su estadía en París, José Dolores Frías retornó a México donde con altibajos laboró como docente en la Escuela Nacional Preparatoria y continuó escribiendo. Volvió a Europa que encontró desconocida ya sin amigos ni afanes comunes como en su primera estancia. Retornó entristecido a su patria, a la gran metrópoli, donde falleció en circunstancias extremas - quizá por su alcoholismo- en el Hospital Juárez, solitario y triste, el 5 de junio de 1936.

Hace poco más de 100 años el escritor y poeta Amado Nervo murió en la ciudad de Montevideo, Uruguay, el 24 de mayo de 1919, en el Parque Hotel, donde vivía siendo Jefe de la Misión Diplomática de México en Uruguay a donde había arribado escasos días antes.

Sus restos fueron repatriados a México vía mar, en un barco uruguayo y escoltado por embarcaciones argentinas, cubanas, venezolanas y brasileñas. En México se le rindió enorme homenaje en su trayecto a Veracruz a México -del que da cuente en impresionantes imágenes el cineasta Salvador Toscano-, y fue sepultado, acompañado de una gran multitud, en la Rotonda de las Personas Ilustres, el 14 de noviembre de 1919.

"Amé, fui amado,/ el sol acarició mi faz / ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!", los últimos versos de su poema "En paz", escrito en 1915 y publicado un año después en su libro Elevación, resuenan aún en toda Hispanoamérica y España, como ocurrió en el Senado uruguayo cien años atrás durante homenaje luctuoso.

Poco antes de su muerte, Amado Nervo había viajado a París y a Londres quizá en un afán de presentimiento y despedida.

El poeta queretano José Dolores Frías dio cuenta de ello en un artículo que envió como corresponsal de El Universal el 17 de marzo de 1919.

Dibujo en tinta de Diego Rivera del vate queretano José Dolores Frías en 1924.

El vate queretano reportó el lamento de Amado Nervo durante una recepción organizada en la Ciudad Luz por el “director de América Latina”: “¡Pensar que yo entré a la diplomacia sólo por residir en París, y no haber vivido aquí nunca con encargo de representar a mi país!”.

Y después, en el mismo ágape, alguien recordó, reseña en su reportaje José Dolores Frías, que “Rubén Darío había muerto –en 1916- teniendo en sus manos un Santo Cristo que Amado Nervo le había regalado, a lo que éste anotó: “efectivamente, de Italia le traje ese Crucifijo y las memorias de Benvenuto Cellini”. José Dolores añade: “por algo en sus rimas de juventud dijo:

“Para librarme de lo imprevisto

Cuando la estancia se queda sola

Tengo en mis manos un Santo Cristo,

Un Santo Cristo y una pistola…”

En su texto, el vate José D. Frías observa y destaca sobre Nervo:

“Tiene frente a las cosas y los hechos una resignada y curiosa actitud; pero su simpatía ya no se alza, como en otra hora, a buscar anhelosamente una pasión, un matiz, una aventura espiritual. ¿Desasido está de toda cosa...?”

Y añade que durante la recepción, a un interlocutor dijo Amado Nervo: “Yo a punto fijo no recuerdo mi edad, sobre todo delante de las damas; pero me siento ahora más joven, es decir, más alegre, Cuando yo tenía 25 años era un poco triste…”

Amado Nervo fue un poeta romántico considerado padre del modernismo en México y destacado poeta hispanoamericano, además de escritor de novelas, dramaturgo y ensayista.

Amado Nervo, cuyo nombre original era Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo nació el 27 de agosto de 1870 en Tepic, Nayarit; vivió en París –unos nueve meses con Rubén Darío-, donde conoció y se unió a las nuevas expresiones modernistas, matizando el final de su vida con sentimientos de enorme espiritualidad, misticismo y nostalgia.

Sus primeros estudios los realizó Amado Nervo en el colegio de San Luis Gonzaga de Michoacán y posteriormente, en el Seminario de Zamora; en 1891 ya trabajaba como escritor, colaborando en Mazatlán en el Correo de la Tarde y en 1894 en la Ciudad de México escribiendo para la revista Azul, donde conoció a Luis G. Urbina, a Pagaza, a Othón, Manuel Gutiérrez Nájera e inclusive a Rubén Darío.

Entre 1898 y 1900 fundó y dirigió con Jesús Valenzuela la Revista Moderna, sucesora de Azul. En este mismo año publicó su primer libro de versos llamado Místicas.

En 1900 viajó a París, enviado como corresponsal del periódico El Mundo a la Exposición Universal. Allí se relacionó con Verlaine, con Oscar Wilde, y otra vez con Rubén Darío.

En 1905 ingresó a la carrera diplomática como secretario de la embajada de México en Madrid donde además escribió como corresponsal de El Mundo, al igual que en varios periódicos latinoamericanos.

En 1914, debido a la Revolución, cesó en su cargo de primer secretario y vivió serios problemas económicos. En 1918, volvió a ser reconocido como diplomático, pasando a ser ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay. Viajó a París y Londres y arribó a Montevideo pocos días antes de su muerte.

Por su parte el poeta queretano José Dolores Frías dejó para la posteridad “Los días vagabundos y otros ritmos”, reeditado por gobierno del Estado y Plaza y Valdés en 1988; dos poemarios y cientos de artículos y reportajes realizados para El Universal –Revista de Revistas- en los albores del siglo pasado, uno de los cuales ha dado pie para el presente texto.

Amigo de Diego Rivera, André Gide y otros pintores y literatos en su estadía en París, José Dolores Frías retornó a México donde con altibajos laboró como docente en la Escuela Nacional Preparatoria y continuó escribiendo. Volvió a Europa que encontró desconocida ya sin amigos ni afanes comunes como en su primera estancia. Retornó entristecido a su patria, a la gran metrópoli, donde falleció en circunstancias extremas - quizá por su alcoholismo- en el Hospital Juárez, solitario y triste, el 5 de junio de 1936.

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