Ex hacienda de Ajuchitlancito fue una de las más prósperas

Actualmente se mantiene en buen estado y forma parte de la historia de la comunidad

MONSETRRAT GARCÍA

  · jueves 21 de febrero de 2019

El templo de San José Ajuchitlancito se encuentra a un costado de la finca, en 2018 cumplió 110 años. Fotos: César Ortiz

PEDRO ESCOBEDO, Qro.- La ex hacienda de Ajuchitlancito fue una de las más prósperas del municipio de Pedro Escobedo, lo cual queda de manifiesto en sus restos arquitectónicos, que en la actualidad se mantienen en buen estado y forma parte de la historia de la fundación de la comunidad que lleva su nombre.

De acuerdo con datos proporcionados por la Dirección de Desarrollo Turístico Municipal de Pedro Escobedo y de la Enciclopedia de los municipios y delegaciones de México del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (Inafed), la ex hacienda Ajuchitlancito se encuentra a 13 kilómetros al suroeste de la cabecera municipal.

Su nombre quiere decir “Lugar donde se cultiva cempasúchil”. Antes de la repartición ejidal, contaba con 23 mil hectáreas. Tenía una gran huerta de 37 hectáreas, manantial propio, banco de cantera, tres bordos y un templo de arquitectura barroca, el cual se conserva, además de la casa grande, que era la residencia de los patrones.

Esta ex hacienda llegó a tener ganadería de toros bravos y sus productos agrícolas se exportaban. Era propiedad de don Francisco Rodríguez, quien ofreció en venta su productiva finca en 30 mil pesos, a plazos y sin ningún dinero de entrada a Don Cirilo de la Helguera y Llanos, quien era comerciante de telas en la Ciudad de Querétaro y al quebrar su negocio se dedicó a introducir ganado al rastro de México y en sus andares, llegó a esa hacienda.

Ajuchitlancito contaba con 10 mil hectáreas de riego dedicadas a la siembra de cereales y 13 mil hectáreas de cerro, en donde se sostenían 10 mil cabezas de ganado. Se producía frijol negro, maíz y trigo, en la huerta de la finca también había durazno, pera, cacahuate, caña de castilla, fresa, jícama, ciruelo, chabacano, aguacate y membrillo en grandes cantidades, productos que se exportaban a diferentes partes del mundo.

Los restos arquitectónicos son prueba fehaciente de aquella prosperidad, con una troje reforzada por siete contrafuertes cuadrangulares por cada flanco. A un lado, las caballerizas presentan delimitación por medio de un espeso muro asegurado. La finca tiene un largo corredor en forma de portales sostenidos por columnas.