/ miércoles 14 de agosto de 2019

Historias tras la búsqueda del mejor árbol de Paraguay

Moviliza a ambientalistas, periodistas e influencers en una expedición para localizar los ejemplares finalistas de un concurso que han mantenido a salvo de la deforestación

Las especies de árboles nativas como el timbó, el guapo'y o el samu'u, se han convertido en un símbolo de la historia de Paraguay y ahora buscan un hueco en la prueba "Colosos de la Tierra", que en su octava edición ha contado con 559 candidatos de todo el país.

La altura del árbol, el grosor del tronco y la frondosidad de su copa son las tres cualidades que estos árboles centenarios presentan en un certamen nacido en Paraguay y organizado por la ONG "A Todo Pulmón", que busca abrir sus puertas a nivel internacional.

En la pasada edición del concurso, un samu'u chaqueño de más de 20 metros de altura, 9,55 de circunferencia y una copa que abarcaba 62 metros se proclamó como el mayor coloso de Paraguay.

Las cifras de los participantes de este año siguen siendo el secreto mejor guardado por la organización, que no las desvelará hasta el próximo 21 de agosto, cuando se dé a conocer el ganador.

Para haber alcanzado estas dimensiones, los árboles han tenido que sortear durante décadas el avance de la deforestación en los hábitats más amenazados del país, un logro conseguido gracias a la protección de las comunidades rurales, que han establecido con ellos un vínculo sentimental.

El levantamiento de una escuela en una comunidad indígena, la llegada de los primeros refugiados alemanes de la Segunda Guerra Mundial o la lucha de una familia agrícola por mantener su supervivencia económica, son algunas de las historias que albergan las raíces de algunos de los colosos que compiten en esta edición.

LA COMUNIDAD NEULAND DE REFUGIADOS ALEMANES

A la sombra de un samu'u se forjó la Comunidad Neuland, una de las primeras colonias de refugiados alemanes que abandonó Europa cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, para instalarse en las aisladas áreas del Chaco paraguayo en 1947, ante la negativa de acogida de otras potencias mundiales.

Hoy sus habitantes lo han presentado como candidato al concurso del árbol más grande del país, confiando en ese característico tronco abombado que recuerda al baobab africano y recordando que su ubicación fue el lugar escogido para celebrar la primera reunión de la caravana de emigrantes.

Allí se citaron hace 72 años un grupo de 260 mujeres que habían quedado viudas durante la guerra y que establecieron las normas básicas de convivencia en el que sería su nuevo hogar, que hoy abarca cerca de 75.000 hectáreas.

Enrique Braun tenía solo 8 años cuando llegó a aquel páramo en el norte del país, tras un viaje de más de un mes de duración desde Alemania hasta el Chaco.

"Era muy difícil los primeros meses. Algunas veces nos quedamos dos meses sin azúcar, sin harina, sin todo. Solo teníamos poroto (frijoles)", relata Braun, que a sus 80 años permanece todavía en el lugar.

Precisamente, el fruto del samu'u, esférico y del tamaño de un kiwi, alberga un interior de algodón, que durante las primeros años de la comunidad Neuland sirvió para rellenar colchones y almohadas en un momento de escasez económica.

Los problemas económicos de esta comunidad, que hoy cuenta con 2.000 habitantes, no se solucionaron hasta que Canadá mandó a cada familia 6 dólares de la época, que emplearon para formar una cooperativa que ahora gestiona uno de los mayores frigoríficos de carne vacuna del país.

"Este árbol es un símbolo, es histórico para nuestra colonia", reconoce Braun, con la llegada de la expedición de los "Colosos de la Tierra" para medir sus enormes dimensiones.

Para Goralewki, esta devastación tiene dos causas principales: la tala de árboles para instalar plantaciones ilegales de marihuana y la eliminación de bosques para expandir las granjas de ganado.

La norma, promulgada el año pasado, prohíbe las actividades de transformación y conversión de superficies de los bosques de la región oriental, especialmente en el Bosque Atlántico del Alto Paraná, que Paraguay comparte con Argentina y Brasil.

Iniciativas como "A Todo Pulmón", que cuenta con el respaldo de organismos internacionales, empresas y entidades públicas, ha logrado plantar más de 45 millones de árboles en la última década, gracias a la popularidad que ha adquirido con su famosos concurso.

Las especies de árboles nativas como el timbó, el guapo'y o el samu'u, se han convertido en un símbolo de la historia de Paraguay y ahora buscan un hueco en la prueba "Colosos de la Tierra", que en su octava edición ha contado con 559 candidatos de todo el país.

La altura del árbol, el grosor del tronco y la frondosidad de su copa son las tres cualidades que estos árboles centenarios presentan en un certamen nacido en Paraguay y organizado por la ONG "A Todo Pulmón", que busca abrir sus puertas a nivel internacional.

En la pasada edición del concurso, un samu'u chaqueño de más de 20 metros de altura, 9,55 de circunferencia y una copa que abarcaba 62 metros se proclamó como el mayor coloso de Paraguay.

Las cifras de los participantes de este año siguen siendo el secreto mejor guardado por la organización, que no las desvelará hasta el próximo 21 de agosto, cuando se dé a conocer el ganador.

Para haber alcanzado estas dimensiones, los árboles han tenido que sortear durante décadas el avance de la deforestación en los hábitats más amenazados del país, un logro conseguido gracias a la protección de las comunidades rurales, que han establecido con ellos un vínculo sentimental.

El levantamiento de una escuela en una comunidad indígena, la llegada de los primeros refugiados alemanes de la Segunda Guerra Mundial o la lucha de una familia agrícola por mantener su supervivencia económica, son algunas de las historias que albergan las raíces de algunos de los colosos que compiten en esta edición.

LA COMUNIDAD NEULAND DE REFUGIADOS ALEMANES

A la sombra de un samu'u se forjó la Comunidad Neuland, una de las primeras colonias de refugiados alemanes que abandonó Europa cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, para instalarse en las aisladas áreas del Chaco paraguayo en 1947, ante la negativa de acogida de otras potencias mundiales.

Hoy sus habitantes lo han presentado como candidato al concurso del árbol más grande del país, confiando en ese característico tronco abombado que recuerda al baobab africano y recordando que su ubicación fue el lugar escogido para celebrar la primera reunión de la caravana de emigrantes.

Allí se citaron hace 72 años un grupo de 260 mujeres que habían quedado viudas durante la guerra y que establecieron las normas básicas de convivencia en el que sería su nuevo hogar, que hoy abarca cerca de 75.000 hectáreas.

Enrique Braun tenía solo 8 años cuando llegó a aquel páramo en el norte del país, tras un viaje de más de un mes de duración desde Alemania hasta el Chaco.

"Era muy difícil los primeros meses. Algunas veces nos quedamos dos meses sin azúcar, sin harina, sin todo. Solo teníamos poroto (frijoles)", relata Braun, que a sus 80 años permanece todavía en el lugar.

Precisamente, el fruto del samu'u, esférico y del tamaño de un kiwi, alberga un interior de algodón, que durante las primeros años de la comunidad Neuland sirvió para rellenar colchones y almohadas en un momento de escasez económica.

Los problemas económicos de esta comunidad, que hoy cuenta con 2.000 habitantes, no se solucionaron hasta que Canadá mandó a cada familia 6 dólares de la época, que emplearon para formar una cooperativa que ahora gestiona uno de los mayores frigoríficos de carne vacuna del país.

"Este árbol es un símbolo, es histórico para nuestra colonia", reconoce Braun, con la llegada de la expedición de los "Colosos de la Tierra" para medir sus enormes dimensiones.

Para Goralewki, esta devastación tiene dos causas principales: la tala de árboles para instalar plantaciones ilegales de marihuana y la eliminación de bosques para expandir las granjas de ganado.

La norma, promulgada el año pasado, prohíbe las actividades de transformación y conversión de superficies de los bosques de la región oriental, especialmente en el Bosque Atlántico del Alto Paraná, que Paraguay comparte con Argentina y Brasil.

Iniciativas como "A Todo Pulmón", que cuenta con el respaldo de organismos internacionales, empresas y entidades públicas, ha logrado plantar más de 45 millones de árboles en la última década, gracias a la popularidad que ha adquirido con su famosos concurso.

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