/ domingo 9 de agosto de 2020

Benigno, orgulloso bordador otomí

Con 10 años de experiencia busca trascender como uno de los pocos varones que se dedica a la confección

El amor a sus orígenes e identidad son el motor principal para que Benigno Miguel Julián diariamente dedique su vida a bordar y confeccionar ropa en su natal barrio de Yosphí, San Ildefonso Tultepec, perteneciente al municipio de Amealco de Bonfil, donde desde hace 10 años empezó a hilvanar su historia como uno de los pocos hombres que se dedica a los textiles.

Martin Miguel Julián, hijo del señor Benigno muestra interés en la confección. / Luis Luévanos. / El Sol de San Juan del Río.

Relató que tomó la decisión de seguir los pasos de su esposa y hermanas, cuya especialidad es bordar sobre tela y cuadrille el punto de cruz, que terminadas se convierten en blusas, faldas, delantales y camisas; el propósito es generar ingresos, pero sobre todo, que quienes porten la vestimenta se sientan orgullosos de sus raíces.

Su familia es un factor primordial para seguir en la confección de ropa tradicional. / Luis Luévanos. / El Sol de San Juan del Río.

Aunque el señor tiene 42 años, apenas hace una década se metió de lleno al taller de confección con su esposa Casilda de Jesús Esteban, toda vez que no encontró oportunidades de trabajo que pudieran satisfacer las necesidades básicas de toda su familia, y poco a poco aprendió a hacer los tableados para las blusas y faldas, además de plasmar la iconografía del pueblo.

El punto de cruz es una de las puntadas que se consideran más complejas. / Luis Luévanos. / El Sol de San Juan del Río.

"Me dediqué a esto porque casi no hay trabajo y empezamos a hacer la lucha, a aprender con mi señora a hacer los trazos para la ropa. Tenemos un regalo nosotros que es el ser indígenas, quien porte nuestra ropa debe sentirse orgulloso de ser del pueblo".

El artesano dijo que una de las cosas que más le costó fue hacer pliegues en las blusas. / Luis Luévanos. / El Sol de San Juan del Río.

Indicó que lo que más trabajo le costó aprender, pero que ahora domina a la perfección, es la colocación del cuadrille en la tela, pues se requiere de mucha precisión para evitar arrugas.

Bellísima y detallada ropa elaboran en este taller ubicado en Yosphí. / Luis Luévanos. / El Sol de San Juan del Río.

SEÑALAMIENTOS

Miguel Julián dijo que en esta actividad, al ser considerada en su comunidad únicamente para mujeres, su desempeño ha estado expuesto a críticas por parte de personas ajenas, sin embargo, esto no ha entorpecido sus ganas de salir adelante, al asegurar que todo el trabajo es digno y más cuando se busca la trascendencia y enaltecer su cosmovisión.

Y lo anterior lo ha dejado en claro, ya que, de sus siete hijos, uno de ellos, Martín Miguel de Jesús, también se involucra en la elaboración de ropa otomí y desde hace algunos años aprendió a utilizar la máquina de coser para hacer los remates en la ropa y trabaja actualmente en el punto de cruz, considerado como una de las puntadas más complejas y precisas para la realización de cubrebocas artesanales, objeto que poco a poco han vendido debido a la pandemia originada por Covid-19.

Resaltó que desafortunadamente en estos tiempos se enfrentan a una baja en ventas de hasta un 70%, por lo que invitó a la gente a conocer y adquirir su trabajo a través de la cuenta de Facebook: Benigno Miguel Julián y al teléfono 448 101 55 87.

El amor a sus orígenes e identidad son el motor principal para que Benigno Miguel Julián diariamente dedique su vida a bordar y confeccionar ropa en su natal barrio de Yosphí, San Ildefonso Tultepec, perteneciente al municipio de Amealco de Bonfil, donde desde hace 10 años empezó a hilvanar su historia como uno de los pocos hombres que se dedica a los textiles.

Martin Miguel Julián, hijo del señor Benigno muestra interés en la confección. / Luis Luévanos. / El Sol de San Juan del Río.

Relató que tomó la decisión de seguir los pasos de su esposa y hermanas, cuya especialidad es bordar sobre tela y cuadrille el punto de cruz, que terminadas se convierten en blusas, faldas, delantales y camisas; el propósito es generar ingresos, pero sobre todo, que quienes porten la vestimenta se sientan orgullosos de sus raíces.

Su familia es un factor primordial para seguir en la confección de ropa tradicional. / Luis Luévanos. / El Sol de San Juan del Río.

Aunque el señor tiene 42 años, apenas hace una década se metió de lleno al taller de confección con su esposa Casilda de Jesús Esteban, toda vez que no encontró oportunidades de trabajo que pudieran satisfacer las necesidades básicas de toda su familia, y poco a poco aprendió a hacer los tableados para las blusas y faldas, además de plasmar la iconografía del pueblo.

El punto de cruz es una de las puntadas que se consideran más complejas. / Luis Luévanos. / El Sol de San Juan del Río.

"Me dediqué a esto porque casi no hay trabajo y empezamos a hacer la lucha, a aprender con mi señora a hacer los trazos para la ropa. Tenemos un regalo nosotros que es el ser indígenas, quien porte nuestra ropa debe sentirse orgulloso de ser del pueblo".

El artesano dijo que una de las cosas que más le costó fue hacer pliegues en las blusas. / Luis Luévanos. / El Sol de San Juan del Río.

Indicó que lo que más trabajo le costó aprender, pero que ahora domina a la perfección, es la colocación del cuadrille en la tela, pues se requiere de mucha precisión para evitar arrugas.

Bellísima y detallada ropa elaboran en este taller ubicado en Yosphí. / Luis Luévanos. / El Sol de San Juan del Río.

SEÑALAMIENTOS

Miguel Julián dijo que en esta actividad, al ser considerada en su comunidad únicamente para mujeres, su desempeño ha estado expuesto a críticas por parte de personas ajenas, sin embargo, esto no ha entorpecido sus ganas de salir adelante, al asegurar que todo el trabajo es digno y más cuando se busca la trascendencia y enaltecer su cosmovisión.

Y lo anterior lo ha dejado en claro, ya que, de sus siete hijos, uno de ellos, Martín Miguel de Jesús, también se involucra en la elaboración de ropa otomí y desde hace algunos años aprendió a utilizar la máquina de coser para hacer los remates en la ropa y trabaja actualmente en el punto de cruz, considerado como una de las puntadas más complejas y precisas para la realización de cubrebocas artesanales, objeto que poco a poco han vendido debido a la pandemia originada por Covid-19.

Resaltó que desafortunadamente en estos tiempos se enfrentan a una baja en ventas de hasta un 70%, por lo que invitó a la gente a conocer y adquirir su trabajo a través de la cuenta de Facebook: Benigno Miguel Julián y al teléfono 448 101 55 87.

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