/ miércoles 1 de marzo de 2017

Migrantes revelan tortuoso paso por Querétaro

Por Zulema López y Dolores Martínez/DIARIODE QUERÉTARO Y EL SOL DE SAN JUAN DEL RÍO

TEMOR AL NORTE DE MÉXICO

William, de 30 años, nació en Venezuela y se dirige a laUnión Americana. Nos declaró que ya lleva aproximadamente 25días en su viaje y que en este proceso ha presenciado diversassituaciones que le han hecho dudar de llegar vivo a su destino.

Afirma que el riesgo comienza desde el sur de la RepúblicaMexicana, principalmente con las pandillas que buscan despojarlosde su dinero.

Expresó que en su tierra natal dejó dos hijas y a su esposaGriselda, quien se encuentra preocupada porque él decidióemprender este viaje, subrayó que decidió subirse al tren porqueen su país no hay métodos rápidos y eficaces para ir en busca denuevas oportunidades.

“Ya no hay para comer y no hay trabajo, no hay nada… Siquiere uno salir adelante se tendría que ser mafioso, y nosotrosen mi casa estamos muy pobres pero mi vieja me dice que no hay quehacer cosas malas y allá se quedó ella con mis dos hijas”,detalló.

Aunque William no sabe cuándo llegará a Estados Unidos paratener un trabajo digno, espera llegar con salud, ya que asegura quesu mayor temor comenzará cuando llegue al norte de México.

AMENAZA AQUÍ; SIN TEMOR A TRUMP

Quienes viajan en solitario sufren más por los cambios en laseguridad; es el caso de Luis, quien explica que ya habíaalcanzado llegar a Laredo, Texas, pero fue detenido mientrasdormía afuera de una Casa del Migrante y deportado a ElSalvador.

Hace cuatro meses inició esta travesía en busca del “SueñoAmericano” y poco le importan, dice, las amenazas del presidenteestadounidense Donald Trump, pues peor le puede ir en su paísdonde trabajando todo el día en el campo ganaba apenas 70 soles,“una miseria”.

Luis no le teme a Trump ni a sus agentes fronterizos, pero sídice tener miedo cuando alguien de aquí se le acerca. Y si espolicía, peor, pues la semana pasada fue asaltado por dos de ellosen la Ciudad de México, lo golpearon y amenazaron condeportarlo.

También le quitaron su mochila con todo lo que la gente lehabía regalado y posteriormente lo dejaron ir; eso sí,indicándole a Luis por dónde debía seguir para llegar a EstadosUnidos.

“Les digo: me estás quitando mi dinero y todavía me quieresllevar a encerrar… me pegaron y ya me llevaron así, rumbo haciael cerro y me dijeron: “ya nomás camínale así y vas a llegarotra vez a la vía… y como nos cuesta para agarrar el tren,tienes mucho que caminar… ahí en (en el municipio de) Huehuetoca(lo volví a tomar)… Allá atrás nos bajaron a todos, losgarroteros… los que andan aquí en la vía no te roban, ellosnada más te bajan, eso sí, ya no te puedes subir porque entonceste ‘balacean’. No te creas, es duro el camino”.

Llegar a Querétaro le resultó fácil, pero en cuanto losempleados de seguridad lo encontraron arriba de la “Bestia” lobajaron y le explicaron que no lo podían dejar seguir por losconstantes asaltos a los trenes.

Lo peor es no conocer el camino, continúa, al explicar quesólo detuvo su viaje esperanzado de haber encontrado a otrosmigrantes, que pedían dinero en el camino y lo invitaron aquedarse con ellos hasta juntar para pagar su boleto de autobús aotro estado en el que subirse al tren sí esté permitido.

APRENDE DE MIGRANTES

Entre las personas que Luis acaba de conocer, gente igual queél camino a los Estados Unidos, se encuentra quien dice no tenernombre, ya que desde los seis años vive en la calle e incluso tuvoque robar, pero gracias a los migrantes aprendió a hacerartesanías con latas de refresco y así ganarse el pan –dice-que se come en su “hogar”. Hogar que está en cualquier parte:en los rieles, las plazas, los kioskos, “donde se me haga denoche”.

No todos son centroamericanos, cubanos, venezolanos  oafricanos.  “La verdad, soy del Estado de México, siempre hevivido en la calle y ando juntándome con los chavos  del tren yduermo en Los Arcos, me quedo donde se me hace de noche, no tengoun lugar donde más o menos llegar o con familia… para qué tevoy a estar ‘verbeando’, yo sinceramente soy de la calle y aesto me dedico, gracias a estos chavos que sinceramente van al otrolado, he aprendido yo a hacer esto… yo nada más andabapidiéndole a la gente, como un vago… desde niño andoperdido”.

Luis, en cambio, no quiere detener su camino, pues su deseo esllegar lo antes posible a suelo americano, por lo que tampocoquiere buscar la Casa del Migrante para pedir refugio. No leinteresa.

“Ya comí”, dice orgulloso al explicar que tras su asalto enla Ciudad de México llegó con la ropa destrozada y cubierto demugre a tierra queretana, y en un hogar le regalaron ropa, comida,e incluso le permitieron bañarse. Feliz muestra los tenis queahora le cubren los pies.

Mira a sus compañeros que permanecen sin ánimo de moverse, daun vistazo a los rieles de Querétaro, que ya se le marcaron comoimposibles y, mientras se termina casi de un trago el agua que leacaban de regalar, cierra los ojos pensando en que su cansanciotendrá una recompensa, si es que logra el “Sueñoamericano”.

Por Zulema López y Dolores Martínez/DIARIODE QUERÉTARO Y EL SOL DE SAN JUAN DEL RÍO

TEMOR AL NORTE DE MÉXICO

William, de 30 años, nació en Venezuela y se dirige a laUnión Americana. Nos declaró que ya lleva aproximadamente 25días en su viaje y que en este proceso ha presenciado diversassituaciones que le han hecho dudar de llegar vivo a su destino.

Afirma que el riesgo comienza desde el sur de la RepúblicaMexicana, principalmente con las pandillas que buscan despojarlosde su dinero.

Expresó que en su tierra natal dejó dos hijas y a su esposaGriselda, quien se encuentra preocupada porque él decidióemprender este viaje, subrayó que decidió subirse al tren porqueen su país no hay métodos rápidos y eficaces para ir en busca denuevas oportunidades.

“Ya no hay para comer y no hay trabajo, no hay nada… Siquiere uno salir adelante se tendría que ser mafioso, y nosotrosen mi casa estamos muy pobres pero mi vieja me dice que no hay quehacer cosas malas y allá se quedó ella con mis dos hijas”,detalló.

Aunque William no sabe cuándo llegará a Estados Unidos paratener un trabajo digno, espera llegar con salud, ya que asegura quesu mayor temor comenzará cuando llegue al norte de México.

AMENAZA AQUÍ; SIN TEMOR A TRUMP

Quienes viajan en solitario sufren más por los cambios en laseguridad; es el caso de Luis, quien explica que ya habíaalcanzado llegar a Laredo, Texas, pero fue detenido mientrasdormía afuera de una Casa del Migrante y deportado a ElSalvador.

Hace cuatro meses inició esta travesía en busca del “SueñoAmericano” y poco le importan, dice, las amenazas del presidenteestadounidense Donald Trump, pues peor le puede ir en su paísdonde trabajando todo el día en el campo ganaba apenas 70 soles,“una miseria”.

Luis no le teme a Trump ni a sus agentes fronterizos, pero sídice tener miedo cuando alguien de aquí se le acerca. Y si espolicía, peor, pues la semana pasada fue asaltado por dos de ellosen la Ciudad de México, lo golpearon y amenazaron condeportarlo.

También le quitaron su mochila con todo lo que la gente lehabía regalado y posteriormente lo dejaron ir; eso sí,indicándole a Luis por dónde debía seguir para llegar a EstadosUnidos.

“Les digo: me estás quitando mi dinero y todavía me quieresllevar a encerrar… me pegaron y ya me llevaron así, rumbo haciael cerro y me dijeron: “ya nomás camínale así y vas a llegarotra vez a la vía… y como nos cuesta para agarrar el tren,tienes mucho que caminar… ahí en (en el municipio de) Huehuetoca(lo volví a tomar)… Allá atrás nos bajaron a todos, losgarroteros… los que andan aquí en la vía no te roban, ellosnada más te bajan, eso sí, ya no te puedes subir porque entonceste ‘balacean’. No te creas, es duro el camino”.

Llegar a Querétaro le resultó fácil, pero en cuanto losempleados de seguridad lo encontraron arriba de la “Bestia” lobajaron y le explicaron que no lo podían dejar seguir por losconstantes asaltos a los trenes.

Lo peor es no conocer el camino, continúa, al explicar quesólo detuvo su viaje esperanzado de haber encontrado a otrosmigrantes, que pedían dinero en el camino y lo invitaron aquedarse con ellos hasta juntar para pagar su boleto de autobús aotro estado en el que subirse al tren sí esté permitido.

APRENDE DE MIGRANTES

Entre las personas que Luis acaba de conocer, gente igual queél camino a los Estados Unidos, se encuentra quien dice no tenernombre, ya que desde los seis años vive en la calle e incluso tuvoque robar, pero gracias a los migrantes aprendió a hacerartesanías con latas de refresco y así ganarse el pan –dice-que se come en su “hogar”. Hogar que está en cualquier parte:en los rieles, las plazas, los kioskos, “donde se me haga denoche”.

No todos son centroamericanos, cubanos, venezolanos  oafricanos.  “La verdad, soy del Estado de México, siempre hevivido en la calle y ando juntándome con los chavos  del tren yduermo en Los Arcos, me quedo donde se me hace de noche, no tengoun lugar donde más o menos llegar o con familia… para qué tevoy a estar ‘verbeando’, yo sinceramente soy de la calle y aesto me dedico, gracias a estos chavos que sinceramente van al otrolado, he aprendido yo a hacer esto… yo nada más andabapidiéndole a la gente, como un vago… desde niño andoperdido”.

Luis, en cambio, no quiere detener su camino, pues su deseo esllegar lo antes posible a suelo americano, por lo que tampocoquiere buscar la Casa del Migrante para pedir refugio. No leinteresa.

“Ya comí”, dice orgulloso al explicar que tras su asalto enla Ciudad de México llegó con la ropa destrozada y cubierto demugre a tierra queretana, y en un hogar le regalaron ropa, comida,e incluso le permitieron bañarse. Feliz muestra los tenis queahora le cubren los pies.

Mira a sus compañeros que permanecen sin ánimo de moverse, daun vistazo a los rieles de Querétaro, que ya se le marcaron comoimposibles y, mientras se termina casi de un trago el agua que leacaban de regalar, cierra los ojos pensando en que su cansanciotendrá una recompensa, si es que logra el “Sueñoamericano”.

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