/ miércoles 12 de junio de 2024

La pista | La sucesión presidencial


Un argumento muy sugerente es que ambos alianzas de los partidos, trabajando en unidad, presentaron la alternancia en el poder como la concreción de la transición democrática, a la par que ocurría la consolidación del modelo de la 4T, no sólo en la economía, sino en muchas esferas de la vida social y gubernamental.

El resultado electoral puso de manifiesto que los ciudadanos desean asumir plenamente sus derechos y responsabilidades constitucionales, lo que ello significa hacer a un lado su papel de objetos pasivos de la política partidista.

En el 2018 los errores de dos de los tres candidatos al concebir sus discursos: Ricardo Anaya, al pensar que su gusto e interés personal por la tecnología era compartido por la sociedad, y el lenguaje técnico, que no se cambió durante el periodo de campaña, de José Antonio Meade.

Por su parte, el triunfo de Andrés Manuel López Obrador no se debió a un manejo puntual de la retórica, sino a la capitalización del hartazgo social con respecto a los gobernantes.

Para este 2024, las campañas no emocionaron, pese a la forma en que los candidatos estructuraron sus mensajes, generando empatía o no con los electores y solo había dos visiones, la continuidad de la 4T, con todo y los graves de seguridad que se viven en el país, y la falta real de un sistema de salud adecuado.

A diferencia de la elección presidencial del 2018, el reciente periodo electoral presidencial de 2024 se vivió con mucha certidumbre. Para la mayor parte de los ciudadanos el resultado era previsible. La ventaja de la actual candidata electa era conocida y validada por las propias preferencias de los electores. Muchos dudamos de algunas encuestas que ponían en la candidata puntera muy arriba.

Pero a juzgar por los datos disponibles, una parte sustancial de esa certidumbre y tranquilidad, más allá de los temas electorales, tuvo que ver con la certidumbre económica. Y esta certidumbre y confianza se reflejó en los resultados de la votación.

En todas las elecciones la economía importa y siempre compite contra otros determinantes del voto como inseguridad o corrupción en nuestro país. Casi por definición la economía es la variable base con la que se compara los demás temas. Cuando hay alguna otra determinante más importante que la economía se conoce como voto temático.

Por ello, es que ahora la economía es el principal reto en la transición, y el miedo ante la incertidumbre política que significa aventar un Plan C, en la medida que el presidente saliente lo quiera hacer. El dólar y con sus altibajos es el claro ejemplo.



Un argumento muy sugerente es que ambos alianzas de los partidos, trabajando en unidad, presentaron la alternancia en el poder como la concreción de la transición democrática, a la par que ocurría la consolidación del modelo de la 4T, no sólo en la economía, sino en muchas esferas de la vida social y gubernamental.

El resultado electoral puso de manifiesto que los ciudadanos desean asumir plenamente sus derechos y responsabilidades constitucionales, lo que ello significa hacer a un lado su papel de objetos pasivos de la política partidista.

En el 2018 los errores de dos de los tres candidatos al concebir sus discursos: Ricardo Anaya, al pensar que su gusto e interés personal por la tecnología era compartido por la sociedad, y el lenguaje técnico, que no se cambió durante el periodo de campaña, de José Antonio Meade.

Por su parte, el triunfo de Andrés Manuel López Obrador no se debió a un manejo puntual de la retórica, sino a la capitalización del hartazgo social con respecto a los gobernantes.

Para este 2024, las campañas no emocionaron, pese a la forma en que los candidatos estructuraron sus mensajes, generando empatía o no con los electores y solo había dos visiones, la continuidad de la 4T, con todo y los graves de seguridad que se viven en el país, y la falta real de un sistema de salud adecuado.

A diferencia de la elección presidencial del 2018, el reciente periodo electoral presidencial de 2024 se vivió con mucha certidumbre. Para la mayor parte de los ciudadanos el resultado era previsible. La ventaja de la actual candidata electa era conocida y validada por las propias preferencias de los electores. Muchos dudamos de algunas encuestas que ponían en la candidata puntera muy arriba.

Pero a juzgar por los datos disponibles, una parte sustancial de esa certidumbre y tranquilidad, más allá de los temas electorales, tuvo que ver con la certidumbre económica. Y esta certidumbre y confianza se reflejó en los resultados de la votación.

En todas las elecciones la economía importa y siempre compite contra otros determinantes del voto como inseguridad o corrupción en nuestro país. Casi por definición la economía es la variable base con la que se compara los demás temas. Cuando hay alguna otra determinante más importante que la economía se conoce como voto temático.

Por ello, es que ahora la economía es el principal reto en la transición, y el miedo ante la incertidumbre política que significa aventar un Plan C, en la medida que el presidente saliente lo quiera hacer. El dólar y con sus altibajos es el claro ejemplo.