/ martes 9 de abril de 2019

Discurso antimexicano

En Estados Unidos todo camina – o no camina – en dirección hacia una fecha en específico del próximo año: el martes 3 de noviembre de 2020. El conocido “súper martes” llevará a las urnas al menos a 140 millones de ciudadanos americanos (55% de los votantes totales) a sufragar por un nuevo presidente.

Las apuestas en Washington no están muy definidas, pues si bien Donald Trump buscará la reelección, existe un bloque republicado opositor que ha manifestado sus dudas sobre esta posibilidad y ha comenzado a apoyar a Bill Weld, el popular ex gobernador de Massachusetts que anunció el pasado 14 de febrero que si competirá.

A la lista de potenciales candidatos de ese partido se han ido sumando otras figuras, como Bob Corker, senador de Tenessee; Larry Hogan, gobernador de Maryland o John Kasich, gobernador de Ohio, lo que refleja cierta polarización hacia el interior del Partido Republicano y que hace algo de mella a la aspiración reeleccionista de Trump.

En el otro lado de la acera también hay una fila importante de aspirantes. Hay escenarios que establecen que la mejor apuesta demócrata debe de ser una mujer con características similares a las de Trump (celebridad, empresaria, arriba de los 65 años, sin experiencia en el gobierno pero con discurso claro y cohesionador) y esa puede ser aparentemente la presentadora Oprah Winfrey; pero también han levantado la mano Elizabeth Warren, senadora por Massachusetts y el ex candidato Bernie Sanders.

Existen a la vez al menos otros 15 aspirantes: senadores, representantes y alcaldes que han manifestado su intención de competir por el máximo cargo americano.

¿Y por qué es relevante conocer los escenarios de dicha elección desde ahora para México? Porque estos procesos ya están trastocando la relación bilateral, con declaraciones, posicionamientos y políticas públicas de todos los aspirantes en aras de ir ganando audiencias que les den mejor posicionamiento a su candidatura. En pocas palabras porque la sucesión -o renovación- presidencial ya ha comenzado.

Por ello vemos hoy a Trump, y a otros aspirantes -principalmente republicanos- con una estrategia intensificada de ataques a México, pues dicha retórica ha demostrado rendir frutos hacia el segmento poblacional americano que ve de muy alto riesgo la migración mexicana. En los últimos 15 días el discurso anti inmigrante y de protección de la frontera sur americana ha escalado. La noticia reciente de la recolocación de 750 nuevos guardias fronterizos se suma a la de los 5,200 efectivos enviados apenas en octubre pasado, y ha detonado el juego discursivo sobre la “emergencia nacional” que obligaría a los americanos a cerrar los cruces con nuestro país.

Los demócratas también hacen lo propio. Preparando su terreno electoral más propicio han optado por retrasar o incluso anular desde el Congreso la ratificación del nuevo Tratado de Libre Comercio conocido como T-MEC, en la lógica de no otorgar una victoria legislativa que dé impulso a Trump y su campaña.

¿Habrá T-MEC? Indudablemente, aunque posiblemente no se ratifique en el verano como se había planteado. ¿Se cerrará la frontera México-Estados Unidos? Es poco probable. Lo que si no quede duda es que en las batallas por la presidencia americana definitivamente México será un tema de discurso que se promoverá para polarizar a los electores.

Lorena Jiménez Salcedo

Presidenta de Coparmex

En Estados Unidos todo camina – o no camina – en dirección hacia una fecha en específico del próximo año: el martes 3 de noviembre de 2020. El conocido “súper martes” llevará a las urnas al menos a 140 millones de ciudadanos americanos (55% de los votantes totales) a sufragar por un nuevo presidente.

Las apuestas en Washington no están muy definidas, pues si bien Donald Trump buscará la reelección, existe un bloque republicado opositor que ha manifestado sus dudas sobre esta posibilidad y ha comenzado a apoyar a Bill Weld, el popular ex gobernador de Massachusetts que anunció el pasado 14 de febrero que si competirá.

A la lista de potenciales candidatos de ese partido se han ido sumando otras figuras, como Bob Corker, senador de Tenessee; Larry Hogan, gobernador de Maryland o John Kasich, gobernador de Ohio, lo que refleja cierta polarización hacia el interior del Partido Republicano y que hace algo de mella a la aspiración reeleccionista de Trump.

En el otro lado de la acera también hay una fila importante de aspirantes. Hay escenarios que establecen que la mejor apuesta demócrata debe de ser una mujer con características similares a las de Trump (celebridad, empresaria, arriba de los 65 años, sin experiencia en el gobierno pero con discurso claro y cohesionador) y esa puede ser aparentemente la presentadora Oprah Winfrey; pero también han levantado la mano Elizabeth Warren, senadora por Massachusetts y el ex candidato Bernie Sanders.

Existen a la vez al menos otros 15 aspirantes: senadores, representantes y alcaldes que han manifestado su intención de competir por el máximo cargo americano.

¿Y por qué es relevante conocer los escenarios de dicha elección desde ahora para México? Porque estos procesos ya están trastocando la relación bilateral, con declaraciones, posicionamientos y políticas públicas de todos los aspirantes en aras de ir ganando audiencias que les den mejor posicionamiento a su candidatura. En pocas palabras porque la sucesión -o renovación- presidencial ya ha comenzado.

Por ello vemos hoy a Trump, y a otros aspirantes -principalmente republicanos- con una estrategia intensificada de ataques a México, pues dicha retórica ha demostrado rendir frutos hacia el segmento poblacional americano que ve de muy alto riesgo la migración mexicana. En los últimos 15 días el discurso anti inmigrante y de protección de la frontera sur americana ha escalado. La noticia reciente de la recolocación de 750 nuevos guardias fronterizos se suma a la de los 5,200 efectivos enviados apenas en octubre pasado, y ha detonado el juego discursivo sobre la “emergencia nacional” que obligaría a los americanos a cerrar los cruces con nuestro país.

Los demócratas también hacen lo propio. Preparando su terreno electoral más propicio han optado por retrasar o incluso anular desde el Congreso la ratificación del nuevo Tratado de Libre Comercio conocido como T-MEC, en la lógica de no otorgar una victoria legislativa que dé impulso a Trump y su campaña.

¿Habrá T-MEC? Indudablemente, aunque posiblemente no se ratifique en el verano como se había planteado. ¿Se cerrará la frontera México-Estados Unidos? Es poco probable. Lo que si no quede duda es que en las batallas por la presidencia americana definitivamente México será un tema de discurso que se promoverá para polarizar a los electores.

Lorena Jiménez Salcedo

Presidenta de Coparmex

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